Luis Molowny

 

 

 

 

 

onocí a Luis Molowny desde muy niño cuando en compañía de mi padre íbamos a presenciar los encuentros de la U.D. Las Palmas.

Cuando nuestro equipo subió a Primera División en memorable encuentro ante el Málaga la corporación cabildicia compraría el Estadio Las Palmas pasando a denominarse Estadio Insular.

Nuestro recinto deportivo sería completamente remozado y ampliado dotándolo de césped a efectos de estar en perfectas condiciones para nuestro debut en Primera División ante el Real Madrid, un 9 de septiembre de 1951.

La U.D. Las Palmas había configurado una plantilla basada en jugadores y entrenadores canteranos como se recoge en los documentos fundacionales del club. Se había construir un equipo a imagen y semejanza del Athletic de Bilbao con jugadores y entrenadores de la tierra que representarían dignamente al fútbol canario.

Todo ello era muy hermoso y patriótico y no dejaba de ser una identificación emocional para todos los que queremos profundamente a nuestra tierra y nuestro fútbol, tan diferente al de la geografía peninsular.

Si bien nuestro equipo formado con aquellos pocos jugadores que habían quedado en nuestros clubes regionales después del éxodo masivo de nuestras mejores figuras a la península, fue sorprendente ganando en todas las competiciones que nos salían al paso hasta llegar en fecha record a la Primera División del fútbol nacional, no es menos cierto que las diferencias que había aquellos años ambas categorías eran abismales y tan pronto comenzó el campeonato liguero pudimos darnos cuenta de ello.

Era la primera vez que Luís Molowny se enfrentaba a la U.D. Las Palmas, Fue un encuentro accidentado con el derrumbe de la grada curva que originó numerosos heridos, teniendo que ser evacuados a centros de nuestra capital.

Con Luis Molowny que era por aquellos años la figura del Real Madrid hasta la llegada de Alfredo Di Stefano, venia también Roque Olsen, que estuvo a punto de fichar como jugador en la U.D. Las Palmas y el canario Cabrera.

Luis Molwny, como siempre, marcaba su gol ante el equipo amarillo.

Los rectores del club presidido en aquellas fechas por Eufeniano Fuentes trataron de paliar la situación con la contratación de jugadores foráneos, Luciano, Nagy y Pepín.

La filosofía primigenia del club a imagen y semejanza del club bilbaíno había pasado a mejor vida a pesar de los nuevos fichajes, nuestro equipo descendería a segunda División ese mismo año, siendo una estrella fugaz en la temporada.

En la temporada 1953-54 la U.D. Las Palmas retornaría a la División de Honor.

En esta ocasión, prevenidos de nuestro primer descenso, nuestro equipo se refuerza con jugadores de un mayor nivel como fueron los casos de Verde, Marcial, Castellanos, Ricardo, Juanito Vázquez (la campaña anterior), Sanz más la estimable colaboración de jugadores canarios como Beneyto, Beltrán, Torres, Naranjo, Macario, Gallardo, etc…

De igual forma se habían contratado los servicios de un técnico experimentado como Satul Grech teniendo a Luis Valle como asesor técnico.

Luis Molowny regresaría de nuevo vistiendo los colores de Real Madrid para volver a ser decisivo para su equipo.

En la temporada 1954-55 el Real Madrid llegaba con sus mejores galas militando en sus filas Alfredo Di Stefano.

La U.D. Las Palmas realizaría un gran encuentro con un gran marcaje de Ignacio a “la saeta rubia” que no pudo con el bravo defensa de la Isleta en ningún momento.

Celebraba la victoria faltando muy poco para la finalización del encuentro.

Se produce un centro del Real Madrid, que al intentar bloquear a Pepín es empujado hasta el fondo de la portería por Marquitos, el balón queda botando suelto, oportunidad que aprovecha Molowny para establecer el empate y el colegiado Sr. Rivero pitar el final del encuentro.

El escándalo sería monumental teniendo que ser escoltado el árbitro por los guardias de asalto a vestuarios.

Era la primera vez que habíamos podido vencer al Real Madrid en competición liguera y tendríamos que esperar casi dos décadas para hacerlo.

Luis Molowny vendría una vez más en un partido de Copa donde recibiría un trofeo en el palco de autoridades. Sin embargo, sus apariciones en el Real Madrid eran cada vez más esporádicas. Se perfilaba aquel gran equipo liberado por Alfredo Di Stefano que se habría de proclamar pentacampeón de Europa con una delantera que al día de hoy no ha sido superada: Kopa, Rial, Di Stefano, Purkas y Gento.

En la temporada 1957-58 la U.D. Las Palmas decide contratar los servicios el técnico Ignadio Urbieta, entrenador que venia precedió de un gran Palmarés trayéndose con él a Ulacia al que conocía desde juveniles.

Luis Molowny había construido una gasolinera en Ciudad Jardín frente a la Clínica Santa Catalina inaugurándola cuando vino el Real Madrid con Villalonga, el denominado “Mangas” había recibido un popular homenaje por parte del club blanco y su intención era dejar el fútbol como jugador en activo y dedicarse a su negocio de la calla León y Castillo.

La U.D. Las Palmas había fichado a jugadores como Alfonso Silva o Rafael Mujica y aún no estando en sus mejores momentos habían cumplido, dejando destellos de su gran categoría futbolística.

Luis Molowny no estaba en un momento óptimo arrastrando varias lesiones y con exceso de peso.

En un principio, según se recoge en los documentos del club, rechazaría la oferta, pero ante la insistencia de la directiva y considerando que el fútbol había sido todo para él, fichó por una temporada dado que sus negocios requerían toda su atención.

Luis Molowny jugaría solo tres encuentros con la U.D. Las Palmas debutando ante el Sevilla (22-12-57) marcando además un precioso gol, Valencia y R.C.D. Español.

Los diferentes resultados del entrenador Urbieta precipitan su cese.

Los rectores del club piensan en Molowny para llevar las riendas del club de forma interina hasta la llegada de un nuevo entrenador la temporada siguiente.

Luis Molowny, de este modo se convertiría en el único entrenador jugador de la historia del club.

La situación se tornaba grave con los últimos resultados llegando a un último encuentro realmente dramático con el Real Valladolid donde ambos conjuntos se jugaban la permanencia en Primera División ganando a la U.D. Las Palmas por tres tantos a uno en un encuentro excelente de los amarillos dirigidos por el maestro Alfonso Silva que marcaría dos tantos.

El partido se vivió bajo una pasión indescriptible con un Estadio Insular hasta la bandera y un público exultante que coreaba el nombre de Luis Molowny que era alzado a hombros por sus jugadores.

Luis Molowny había cumplido su promesa. Sus negocios y la gasolinera que comenzaba a tener una gran aceptación le esperaban con posterioridad.

 

 

Dos años mas tarde, la Federación Regional de fútbol de Las Palmas presidida por Daniel Massanet Plomer le designa como nuevo entrenador de La Selección Juvenil de Las Palmas tras la dimisión de Carmelo Campos, por ser incompatible con sus numerosos cargos como auxiliar del primer equipo, entrenador del equipo B (suplentes) denominación en aquella época “La Vega Chica”, además de toda la coronación de los clubes filiales de la U.D. Las Palmas.

Transcurriría la temporada 1959-60. Luis Molowny aceptaría el cargo al no requerir plena dedicación. Su auxiliar Antonio Velázquez se dedicaría a captar los mejores jugadores en edad juvenil y él solo tendría que entrenarlos en corto periodo de tiempo antes de comenzar el torneo que se resumía en enfrentarse a cuatro selecciones a efectos de conseguir el campeonato. Por otro lado, Luis Molowny tenia ya toda la información posible de los contrarios tras un arduo trabajo de Antonio Velázquez que sin restarle méritos a Molowny era la verdadera alma mater de todos los chicos en edad juvenil

 

Conversaciones con Luis Molowny

 

Conocí personalmente a Luis Molowny en su negocio de la gasolinera y nuestro trato no pasaba de ser muy superficial. Un día, entre cliente y propietario que a veces podía llevar un poco más allá dado que conocía a mi padre que había tenido como paciente a su señora y a uno de sus hijos.

No obstante, era una persona de pocas palabras y dada la gran diferencia de edad y mi natural timidez me llega a intimidar.

Con el paso de los años y mi entrada en la U.D. Las Palmas todo tomaría un giro inesperado. Mis viajes a Madrid con el equipo y el permanecer en la capital de España durante dos meses realizando un trabajo en conjunto con el Diario Marca sobre la historia del club, me dieron la posibilidad de verlo a diario. El exjugador de la U.D. Las Palmas Manolo Pantaleón y yo éramos muy buenos amigos como de toda la familia.

Cada vez que iba a Madrid en solitario, venia a recogerme al aeropuerto ofreciéndome alojamiento. Dado que tenia un cargo relevante en la Asociación de ex jugadores del Real Madrid pasaba todos los días a buscarme para ir a la Sede Social.

Alfredo Di Stefano, a quien yo conocía de tantas comidas con el club, era el presidente y no faltaba un día a la cita, a la que se incorporaba Luis Molowny durante sus estancias en Madrid. Todos los días Pantaleón me llevaba a la asociación y allí pude intimar con muchos jugadores que no solían ir a los almuerzos de las directivas.

Me sorprendió la forma de ser de Luis y su gran sencillez. No era una falsa modestia o política de gestos sino su propia personalidad. Persona prudente y educada sabia en todo momento cuando callar o decir la frase correcta.

No le gustaba hablar de sus excelencias y hazañas prefiriendo alabar las virtudes de los demás.

Teniendo ya cierto nivel de amistad tanto con él como su hijo Raúl, muy parecido a su padre, nos citaron varias veces en la sede social del Mario C.F. con motivo de algún aniversario del club. La sede en su itinerante deambular, estaba en esos momentos en la calle Murga con el viejo piano en la parte superior y los trofeos y banderines del club que te transmitían a un pasado ancestral.

Allí rodeado de antiguos jugadores marinistas ya desaparecidos su presidente Sr. Hernández, Carmelo Campos y Luis Molowny me hablaron de la notificación de desahucio que tenia el club y la posibilidad de conservar todo su patrimonio en la sede social de Pio XII, acordando reunirnos con la finalidad de encontrar una salida al antiguo club de “fuera la portada” que terminaría saliendo de su hábitat natural para trasladarse de nuestra ciudad reciente creación que no guardaba ninguna analogía con el Marino.

Tras la conferencia en la sede de la calle Murga tuvo lugar otra sobre Carmelo Campos en el Recinto Ferial a la que acudiría Luis Molowny. Fue allí donde hablamos por primera vez de su época dorada en el club con Juanito Guedes como centro neurálgico de la conversación.

Me dijo que no salía mucho y cuando lo hacia era para ir al R.C. Náutico de Gran Canaria done tenia una tertulia con sus amigos.

También solía frecuentar el gimnasio y una parte de la piscina donde hacia ejercicio físico. En realidad, compartimos mesa y mantel en muchas ocasiones, pero casi siempre en compañía de numerosos amigos que me impedían hablar con él en privado. Entonces, decidimos vernos a media mañana al fondo de la terraza, lugar poco frecuentado. De todas mis reuniones he hilvanado algunos recuerdos sobre sus reflexiones y comentarios sobre Juan Guedees y su época triunfal en el club “transcurría la temporada 1959-60 de nefasto recuerdo para mi cuando me hablaron por primera vez de Juanito Guedes. Yo había aceptado el cargo de entrenador en la Selección Juvenil y Antonio Velázquez y Carmelo Campos me daba los informes que conocían de los jugadores. En el caso de Carmelo al ser coordinador de filiales conocía perfectamente a los juveniles de último año y Antonio Velázquez era una especie de captador omnipresente. Recuerdo que se sabia los datos mas inverosímiles de cada jugador. Estando en el local de la Federación, me habló de un chico al que le quedaban dos años de juvenil, que había visto jugar en Tamaraceite y era un verdadero fuera de serie.

Le dije que quería verlo, pero el tiempo se nos vino encima y nos daban solamente una semana para preparar a la Selección antes de nuestra primera eliminatoria con el Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López.

Por regla general los chicos de último año ya están más formados y tienen una mayor experiencia. En esas edades la diferencia de edad suele notarse sustancialmente y tiene que tratarse de jugadores que realmente marquen una gran diferencia para embarcar a los de mayor edad.

En una semana poco puedes observar ya que había muchos jugadores y era necesario hacer una criba y elegir a los permitidos por la Federación.

Las sesiones de entrenamiento eran en la Ciudad Deportiva Martín Freire.

Antonio Velázquez tenia mucha fe en Juanito Guedes y ambos nos dimos cuenta que tenia una zurda fantástica.

Probamos en un partidillo y lo alineamos de interior cayendo en banda desde donde lanzaría un tiro impresionante que entraría por el mismo ángulo. Antoñito Velázquez no paraba de decirme “¡Se lo dije Mister, es extraordinario!

Yo tenia en mente a Pepe Chano Vera Palmés ya que lo había visto jugar en el Estadio.

Era un extremo con una habilidad y regate excepcional y no digamos su visión de juego y rapidez. Un chico que de no haber sido por una inoportuna lesión jugando en la playa de las Alcaravaneras, lugar que todos los del barrio frecuentábamos, habría llegado con toda seguridad al primer equipo.

Le faltaba quizá un poco de fondo físico y pensamos que alineando a Juanito Guedes en la primera parte ya que en la segunda como revulsivo podríamos sorprender al conjunto tinerfeño.

Ambos sabían le estrategia antes del encuentro. No es cierto que cambiara a Juanito Guedes por los silbidos del público ni por haber jugado un mal encuentro.

Esa misma ante del encuentro salía de mi casa en Pi Margall cuando me encuentro a Vera Palmé Camino de la Iglesia del Pino. Le conté cual era nuestro plan y él puede dar veracidad de ello.

¿Qué sucedió? En la vida todo no sale como has planeado. Yo reconozco que nunca había visto jugar a Juanito Guedes ni de Medio volate ni en otra demarcación.

El chico no estaba acostumbrado a jugar en césped y salió algo nervioso. Los silbidos del público, muy exigente aquella Jornada, le afectaron sobremanera perdiendo confianza. En el primer tiempo todos los jugadores estaban rindiendo por debajo de su nivel y perdían muchos balones. La defensa tinerfeña era rápida y expeditiva y se adelantaba casi siempre a nuestras acciones.

En la segunda parte, tras los consejos de rigor, todo el partido fue nuestro y merecimos la victoria.

No suelo que quejarme de los árbitros, pero lo que viví aquel día no lo he visto en toda mi trayectoria deportiva.

Pido disculpas por perder los papeles y entrar en el campo de aquella manera, algo insular en mi, pero ante tal atropello no pude controlarme.

Un jugador del Tenerife había entrado en plancha a nuestro defensa Carlos y el colegiado.

Como es normal pita falta a nuestro favor colocando el balón fuera del área donde se suponía iba a sacar a falta.

Ambos jugadores habían caído al césped tras la plancha quedando trabados.

Carlos que había caído debajo trata de zafarse quitándose al otro jugador de encima.

Entonces, de forma sorprendente, el colegiado retira el balón de donde iba a sacar la falta uno de nuestros jugadores y lo coloca en el punto de penalti cambiando de opinión y pitándonos una pena máxima.

El altercado de orden público fue mayúsculo deteniéndose el juego mucho tiempo.

Estábamos a punto de derrotar al Tenerife y salimos eliminados. Aún en la actualidad no encuentro razones para creerlo ya que no se trataba de un fallo arbitral sino de una decisión salomónica incomprensible.

Sé que fui muy criticado por alinear a Juanito Guedes en aquella demarcación, sin embargo, ha sido aliando en esa demarcación en el equipo del Porteño y en la Selección Nacional con Eusebio Martín y nadie ha dicho nada.

Al año siguiente fue seleccionado de nuevo y le había cambiado hasta el carácter.

Fue alineando como medio volante y sus actuaciones fueron excelentes siendo nombrado como nuestro mayor jugador y llamado a la Selección. Sin embargo, volvíamos a caer eliminados de nuevo por otro penalti injusto en Tenerife. Juanito Guedes asombraría a propios y extraños en los dos encuentros y ya todos sabíamos que aquel chico seria una auténtica figura del fútbol como así sucedería con posterioridad.

El chico que vino el segundo año no tenia nada que ver con aquel joven reservado y tímido. No paraba de hablar y dar bromas.

Recuerdo cuando a los nuevos al llegar al aeropuerto los hizo pesar diciéndoles que era una medida reglamentaria.

Estuvimos a punto de que nos echaran del aeropuerto (risas) ¡Los chicos asombrados en aquellas grandes pesas! Cada vez que lo recuerdo o lo comento con alguien me tengo que reír.

Me confesó michas veces cuánto le hubiera gustado haber formado parte de aquel equipo que se había proclamado Campeón de España, de alguna u otra forma había jugado con todos y tenia a dos compañeros como Santiago el guardameta y Lolín que habían jugado con él en el Porteño.

 

 

LUIS MOLOWNY Y JUANITO GUEDES SE ENCUENTRAN DE NUEVO

Había de para seis años para encontrarnos de nuevo.

Yo había seguido dirigiendo a la Selección Juvenil y él se había convertido en una de las figuras de la U.D. Las Palmas, habiéndose proclamado Campeón Mundial con la Selección Militar.

En la U.D. Las Palmas había tenido como entrenadores a Casimiro Benavente, Paco Campos, Rosendo Hernández, Vicente Dauder- con quien ascendería a Primera División- y Juanito Ochoa.

Como siempre me tocaba lidiar con la más fea. Había logrado salir airoso en la temporada 1957-58 sustituyendo a Ignacio Urbieta pero no había podido hacer nada tras la marcha de Marcel Domingo, cuando era también seleccionador juvenil.

El equipo estaba enterrado en la clasificación y yo apenas tenia tiempo en tan pocas jornadas, de cambiar la situación.

Se descendía a Segunda División en la temporada 1959-60 tras seis años de auténtico esplendor en Primera División que en la década de los cincuenta la formaban grandes equipos con jugadores de leyenda.

En esta ocasión la situación del equipo también era bastante compleja.

Transcurriría la temporada 1966-67 y faltaban sólo tres jornadas de Liga de donde debíamos obtener cinco puntos para la salvación.

Había tenido una larga conversación con Juanito Ochoa, a quien conocía desde hacia muchos años.

Juanito Guedes había jugado todos los encuentros de Copa y Liga y recuerdo que Juanito Ochoa me habló maravillas de él, considerándolo uno de los mejores jugadores que había entrenado en su largo trayectoria como profesional, destacando igualmente su dimensión humana. Tengo que reconocer que gran culpa de aquel milagro – ganamos a todo un Barcelona, empataríamos en Sarriá ante el Español y vencíamos en casa al Deportivo de La Coruña- se la debo a Juanito Guedes. Yo siempre suelo decirle a mis amigos que era un jugador multiplicado por tres. Y es que Juan no era solo un futbolista, sino que les hablaba a los jugadores levantándoles el ánimo, cuidaba todos los detalles y a la hora de meter la pierna era el primero.

Hay jugadores que son peones y otros arquitectos y los dos son iguales de validos ya que ninguno de los dos puede hacer el trabajo del otro.

Ernesto Aparicio, Tonono o José Luis podías ponerlos de defensa pero no en la demarcación de Guedes o Germán al igual que este último no lo podías ubicar en la defensa porque no tenia aptitudes para ello dado su juego creativo. Juanito Guedes, sin embargo, podía ser peón y el mejor arquitecto a la vez, y creo que por ello era un jugador tan completo. ¡Ya quisieran todos los entrenadores tener en sus filas a Juanito Guedes!

Recuerdo a Miguel Muñoz compañero en el Real Madrid durante tantos años, cuando hablábamos tras aquellos disputaos encuentros me decía: Luis, ¡ese jugador, Guedes, es medio equipo!

La gente exagera un poco cuando ice que yo os mandaba a jugar como querían. Si, es verdad que nunca me ha gustado atiborrar al jugador con discursos interminables ya que al final los desconciertas.

Como diría Baltasar Gracia, lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Por otro lado, cada jugador tiene una personalidad diferente y si bien a alguno tiene que darle un coscorrón -es broma- a otros tienes que pasarle la mano y alabar sus virtudes para hacerle crecer su autoestima.

Juanito Guedes era de carácter fuerte, pero le afectaba mucho que en el estadio insular nos chillaran. Necesitaba del cariño de su afición.

Fue uno e los jugadores mas queridos porque batallaba hasta la última gota de sudor.

Recuerdo, que en una ocasión estaba picado con un jugador y yo estaba viendo venir la expulsión dado el colegiado que nos pitaba. Me levanté del banquillo y le hice una observación. En la trifulca y con los nervios del encuentro me hice un gesto mandándome a callar. Entramos al vestuario y yo no le dije nada esperando cual era su reacción.

Tan pronto llegó me dio un abrazo diciéndome: “perdóneme Mister por mi gesto y mi mala educación, no volverá a ocurrir.

Así era Juanito Guedes, un jugador con un enorme corazón.

Fue la primera vez que vi a Luis Molowny emocionarse.

Por un momento no sabia si seguir o dar por concluida la conversación.

Después de una larga pausa me dijo: “Como persona destacaría su sinceridad y lealtad. También su bondad ya que su sentido de amor al prójimo lo veías a cada momento en sus generosas acciones.

Con la llegada de Gilberto II nosotros no teníamos que temer a ningún equipo.

Aquel centro del campo con Juanito Guedes saliendo desde cualquier demarcación, Gilberto II y Germán un poco más atacante era una delicia verlos jugar. Luego estaban los espadas del equipo como José Juan que se peleaba con su sombra no dando un balón por perdido y la profundidad que tenían Gilberto II y León entrando por banda o Martín II cuando se incorporaba al ataque era muy difícil de contener para cualquier equipo.

Teniamos igualmente una retaguardia muy compensada con Ulacia y Oregui como guardametas y Tonono y Castellano en defensa eran insuperables. La clase de Tonono y su inteligencia en el terreno de juego la he visto en pocos jugadores. En cuanto a Castellano era un torrente de energía en los marcajes al hombre y su facilidad en el juego aéreo. Cada vez que subía a rematar los entrenadores de turno gritaban a sus jugadores porque entraba a pecho descubierto con una fuerza increíble.

La demarcación que más cambié fue en los laterales, pero tanto Aparicio como Martín I y José Luis cumplieron perfectamente. Con la llegada de Martín II que había venido actuando de interior pensé que por su agresividad y rapidez se podía convertir en un buen defensa y falso extremo como así sucedería.

No teníamos un gran banquillo, pero afortunadamente aquellos jugadores no se lesionaban casi nunca.

Otro futbolista que quizá ha sido poco valorado era Niz que realizaba grandes encuentros cubriendo mucho campo.

Tenia un carácter un poco arisco y tenias que saberlo llevar y olvidarte de llamarle la atención. Era muy generoso en el esfuerzo y en el fondo una buena persona, muy solitario con sus compañeros.

Sobre las tragedias de Juanito Guedes y Tonono no deseo hablar. Los vi llegar desde juveniles dos años consecutivos.

Siempre estaban juntos siendo tan diferentes.

Estoy seguro que donde quiera que estén nos estarán escuchando, ambos sabían hasta latín”

Con una sonrisa despedimos a Luis Molowny en sus últimas palabras prometiendo vernos en el club con Alfonso Silva en días sucesivos.