CORREA

JOSÉ CRISTÓBAL CORREA, BAJO LA RATIO STUDIORUM

 

José Cristóbal Correa símbolo y metáfora de la cultura futbolística

 

 

Según se recoge en el libro publicado por el sacerdote Agustín Castro Merelló sobre la vida de los Jesuitas de San Ignacio de Loyola en Canarias, después de muchas vicisitudes y expulsiones, retomarían su actividad con los denominados Padres Vascos.

El colegio se estructuró en torno a las líneas pedagógicas de la Ratio Studiorum que viene a ser la denominación del título que recogían el método y la organización de los estudios y los colegios de la compañía.

 

 

 

Fachada principal del colegio de Los Jesuitas de San Ignacio de Loyola en el señorial barrio de Vegueta.
En la instantánea aquel viejo patio que como el de lo demás colegios de la época estaba rodeado de pilastras toscanas donde un grupo de colegiales en el fragor de la batalla daban rienda suelta a sus ilusiones, emulando a los ídolos futbolísticos de antaño.

 

En la imagen, los componentes del equipo de la Real Sociedad de San Sebastián posando en al puerta principal del colegio de Los Jesuitas en la época de los Padres Vascos.

José Cristóbal Correa se educaría bajo la tutela de la época de los Padres Vascos de la década de los cincuenta y fue en el antiguo y añorado edificio, en aquel campo de alquitrán que hacia las funciones de patio de colegio donde José Cristóbal Correa comenzaría sus pinitos futbolísticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trabajadores de la construcción alquitranando el patio principal del colegio de Los Jesuitas

 

 

ACTIVIDADES ESCOLARES EN PATIO DEL COLEGIO AÑO 1944

¡Prietas las filas impasible el ademán! Así rezaban aquellos niños del régimen en el patio de Los Jesuitas antes de comenzar la educación física.

 

Los niños del colegio Los Jesuitas haciendo fila antes de entrar a las clases.

 

Las fiestas de San Ignacio de Loyola.En la imagen tres sacerdotes de la época de los Padres Vascos implantan su pedagogía cultural y festiva a algunos niños en relación a los papagüevos.

 

 

Con posterioridad y tras un corto periplo en clubes infantiles como el San Diego de Alcalá, San Lázaro o Porteño ingresaría en el club de su vida: Sporting de San José.

Residía en la calle de los balcones del señorial barrio de Vegueta, fichando en el equipo Joselito de La Portadilla, club histórico que tenia su Sede Social en la calle Pedro Díaz.

La llamada de Luis Molowny para integrar la Selección Juvenil en la temporada 1960-61 le daría la oportunidad de conocer por primera vez a Juanito Guedes, con quien establecería una gran amistad y corriente de simpatía que duraría hasta el fallecimiento del malogrado jugador de Las Rehoyas Altas.

José Cristóbal Correa era un jugador monárquico dotado de unas cualidades excepcionales para el balompié.

Aunque aceptando la consideración que toda vida humana debe ser contada y reconociendo su singular forma de ser, a Juanito Guedes siempre le costó entender cómo un futbolista de la dimensión y clase de Correa no fuera indiscutible en la alineación titular manifestando su opinión en múltiples ocasiones.

Juanito Guedes era una persona que no toleraba los abusos y detestaba la doble moral. De igual forma José Cristóbal Correa era indomable antes los abusos de poder  y de aquellas personas que intentaban sentar principios de autoridad.

Ambos llamaban las cosas por su nombre.

 

José Cristóbal Correa: ecuación exacta del arte y la ciencia

De forma análoga su fútbol tenia un marcado carácter polifónico. Eran jugadores de mente transgresora.

Juanito Guedes, José Cristóbal Correa y Germán Dévora, en la década de los sesenta ocupaban el centro neurálgico del terreno de juego desde donde desarrollaban todo el entramado táctico del juego de nuestro equipo.

Tanto José Cristóbal Correa como Juanito Guedes están entre los jugadores más geniales de toda la historia del club. En el caso de Correa su imprevisible juego asombraba desde muy niño a propios y extraños especialmente a sus compañeros de equipo que al igual que Juanito Guedes lo consideraban un genio del fútbol.

 

José Cristóbal Correa, máximo exponente del futbol ilustrado, era un verdadero ídolo del multitudes, llevando consigo una heráldica difícil de olvidar.

 

Correa buscaba el juego asociativo y protegía el balón como pocos, efectuando pases magistrales mirando al lado opuesto como no se había visto antes, electrizando a las masas. Tenía, además, una menta preclara adivinando la jugada antes de iniciarse. Al no aceptar caudillismos o imposiciones a ultranza máxime cuando estas eran utilizadas con un lenguaje incendiario y en presencia de sus compañeros tuvo muchos problemas con entrenadores como Rosendo Hernández, que tras ser titular indiscutible y uno de los jugadores más destacados del equipo, lo condenaría al obstracismo.

En la instantánea el jugador amarillo José Cristóbal Correa en un remate de la portería del guardameta levantino Rodri.
Equipo de la U.D. Las Palmas que vencería al Levante en el debut del jugador juvenil José Cristóbal Correa: Oregui (Ulacia), Aparicio, Tonono, Nelli, Ardura y Collar. De rodillas: Juan Luis, Germán, Gilberto, Correa y Vegazo.
Rosendo Herández, un entrenador orgánico, racial y con lenguaje incendiario denro del terreno de juego. Fuera de el se producía una metaforfosis sustancial arropando a os jugadores en sus problemas con la entidad.

Los artistas o genios del balón son por lo general discontinuos. En ocasiones parecía ausente para de pronto resurgir con una jugada genial y poner la gradería a sus pies.

Sin lugar a dudas, al igual que Juanito Guedes, José Cristóbal Correa es uno de los mayores exponentes del fútbol canario de todos los tiempos.

Al igual que muchos jugadores de excepcional técnica, no concebia el fútbol como un esfuerzo o sufrimiento sino como divertimento; una especie de comunión con lo sublime o inefable.

Tanto Juanito Guedes como José Cristóbal Correa se complementaban en el terreno de juego. Su fútbol de ambos se distinguía por su armonioso equilibrio.

En Juanito Guedes había una especie de consciencia cósmica y en Correa un juego combinativo donde hacia participes al resto de sus compañeros de ataque.

José Cristóbal Correa es considerado hoy en día auténtico embajador por excelencia de todos aquellos niños que han formado parte del equipo de Los Jesuitas de San Ignacio de Loyola a lo largo de la historia.

El cineasta Luis Buñuel solía decir que el elemento esencial del arte era el misterio.

 

José Cristóbal Correa era un jugador que te ofrecía lo imprevisible. En su juego no había automatismos de ensayo sino la sorpresa y el enigma.

“Antes de comenzar los entrenamientos en la época de Rosendo Hernández 1962-63 solíamos liarnos un pitillo. Él fumaba Mecánico amarillo que era muy fuerte para mi. De igual forma yo también fumaba cigarrillo negro, pero era mucho más suave.

Recuerdo que se llamaba “Progreso” y a Juanito Guedes le encantaba.

Me parece aún ver la cara de Juan sonriendo al decirme: “Como tu no puedes fumar mecánico amarillo me das un progreso de los tuyos y se acaba el problema”.

Cuando quedaban solo tres jornadas para terminar la temporada 1966-67, el equipo estaba en una situación muy peligrosa. Se cesa a Juanito Ochoa y se contrata los servicios de Luis Molowny, quien se convierte en el salvador del equipo.

Al comenzar la temporada siguiente decide incorporar al jugador tinerfeño Gilberto II porque según su criterio tenia exceso de centro campistas: Germán, Juanito Guedes, yo, Pepe Juan Martínez…

Según sus comentarios le faltaba un peón de brega que batallara en el centro del campo, no exento de calidad. El jugador Gilberto II había realizado grandes campañas con el C. D. Tenerife y era un futbolista formidable, con mucha capacidad de recorrido y recuperación.

Yo era compatible con su forma de jugar y el equipo no tenia un gran banquillo pero su decisión de traspasarme al Tenerife ya estaba tomada.

En puridad, fue un duro golpe para mi que me afectaría muchísimo a lo largo de mi trayectoría profesional. El Tenerife era un club que por aquellos años no vivía sus mejores momentos, militando en segunda división.

Aquella inesperada decisión de Luis Molowny y la aceptación de la junta directiva me hizo mucho daño, tanto en lo moral como en lo deportivo.

Yo estudiaba derecho y tenia novia, familia, mis amigos y todo mi entorno estaban aquí.

El marcharme a Tenerife me perjudicaba ostensiblemente en todos los sentidos.

Algunos clubes de Primera División, como se puede apreciar en los documentos de los archivos del club se habían venido interesando por mis servicios y don Jesús luchaba lo indecible por no dejarme salir desde mi época de juveniles.

Mi autoestima bajó considerablemente y perdí la ilusión por seguir jugando en el fútbol profesional. Recuerdo que a Juanito Guedes le afectó mi salida tanto como a mi mismo, llamándome constantemente para darme moral y diciéndome que no podía entenderlo dado que Juan, Germán y yo habíamos jugado siempre como organizadores en el centro del campo y la llegada de Gilberto II nos beneficiaba a todos.

Alineación de la UD Las Palmas ante el atletivo de Madrid en la temporada 196465. De izqyierda a derecha, de pie: Oregui, Ardura, Tonono, José Luis Castellano Guedes. De rodillas: GilbertoI Correa Germán Lizani y Vegazo.

Con el paso de los años cuando me incorporé a la disciplina del Atlético de Madrid coincidimos en el aeropuerto de Barajas. Yo estaba con los compañeros del Atlético que íbamos a jugar un partido de Copa y él venia de una convocatoria con la Selección Absoluta.

La alegría fue inmensa. Conocía a mis compañeros mejor que yo de tantas veces que había sido preseleccionado. Todos le querían muchísimo y lo tenían en gran consideración.

Cuando le ofrecí de bromas un pitillo me dijo que hacia tiempo que había dejado de fumar.

 

 

Su juego creativo le confería ese grado de sublimación.

Se daba la circunstancia se daba que ambos cumplían el 2 de octubre, aunque Juanito Guedes había nacido en 1942 y Correa en 1944.

“Conocí a Juanito Guedes en la Selección Juvenil. Aunque ya nos habíamos enfrentado en equipos no federados y de categoría de adheridos.

Los jugadores Juanito Guedes y José Cristóabl Coore durante su etapa en la Selección Juvenil de Las Palmas, dirigida por Luis Molowny

Por otra parte, yo estudiaba en los Jesuitas y él durante un tiempo frecuentaba la Escuela de Comercio y en ocasiones nos veíamos.

También con anterioridad nos habíamos enfrentado en equipos infantiles entre ellos el Porteño.

Cuando compartimos la Selección Juvenil teníamos un equipo de fávula pero de nuevo caeríamos injustamente ante la CD Tenerife, en un partido donde nos pitaron otro penalti teniendo que jugar una prorroga que prefiero olvidar.

Luego ya en el primer equipo, con el respeto debido a todos los compañeros, Juanito Guedes fue siempre el futbolista que más admiré.

Sé, perdonando la inmodestia que era una admiración y respeto mutuo ya que no solo me lo dicen sus familiares y amigos más cercanos sino él mismo en muchas ocasiones.

De Juanito Guedes me impresionaba todo. No sólo eran sus excelentes pases en largo como yo no he visto a nadie hacerlo sobre todo viéndolo día a día en los entrenamientos. Todos podemos destacar en nuestra demarcación o similar en momentos determinados pero cubrir todo el terreno de juego como él lo hacia y además convertirte en un defensa destacado; organizar todo el juego del equipo fundamentalmente por las bandas y además destacar con aquella precisión en el tiro es muy difícil encontrar en un jugador.

 

Todos podemos tener una cualidad especial para una demarcación específica. Pero no en todo el terreno de juego con aquella naturalidad.

Lo de su valentía y bravura tampoco la he visto en ningún jugador ya que la diferencia estriba en su naturalidad sin tener que realizar el más mínimo esfuerzo.

Aquella serenidad con que afrontaba situaciones de peligro era digna de presenciar. Era un futbolista integral que no se arrugaba ante nadie por muchas personas que fueran. Entre más grande era la adversidad, más sereno lo veías, sobre todo actuando lejos de nuestro feudo. Aún recuerdo un encuentro en el Estadio de Sarriá ante el R.C.D. Español donde le hizo una dura entrada al extremo José María a ras de césped.

El extremo españolista era muy rápido y habilidoso y te podía dejar en evidencia con sus florituras. La entrada fue contundente, aunque al balón. El jugador españolista fue el último en tocar el esférico saliendo a banda

A efectos de impresionar al colegiado y al público que estaba en la misma raya exageró la caída mostrando gestos de dolor con la intención de que todos los aficionados del español increparan a Juanito Guedes como así sucedería. No obstante, el colegiado pitó falta a nuestro favor. Yo, que me encontraba cerca de la jugada y viendo la hostilidad del público hacia Juanito Guedes, le grité: “Tranquilo Juan yo saco de banda”. Pero, Juan ante toda la grada le hace saber al jugador español que hacia mucho teatro. Luego, dirigiéndose con paso firme a la raya de banda donde los espectadores estaban de pie insultándole, él como si nada ocurriera antes de coger el balón, se queda mirando a la grada preguntando ¿Qué les pasa a ustedes? Luego, lentamente, se agache a coger el balón y se vuelve de nuevo a la grada mirándolos antes de proceder a sacar.

El público tiraba objetos y el abucheo era ensordecedor, pero como si no fuera con él la cosa, me lanza el balón.

Recuerdo, que por un momento el público quedó en silencio sorprendido ante aquella actitud.

Luego, reaccionaron y continuaron pitándole durante todo el encuentro.

Juan se crecía ante la adversidad y aquel fue uno de los grandes encuentros que le recuerdo.

Aquel gesto de valentía me enseñaría a sobreponerme ante las situaciones adversas.

Sin embargo, cuando en el Estadio Insular, el público nos pitaba, Juanito Guedes se sentía profundamente herido.

No comprendía cómo tu propio público que debería de darte ánimo en todo momento gritara a sus propios jugadores y en más de una ocasión pediría a la afición que tuvieran mayor tolerancia con los jóvenes.

 

 

EL IMAN DE JUANITO GUEDES

 

Siempre me he preguntado sin obtener respuesta. Todos los balones despejados por el equipo contrario en cualquier demarcación del campo parecían venir a sus pies. Aquel control y dominio del espacio tenían que venir precedidos de una gran intuición para saber el lugar exacto donde caía el balón y es que Juan poseía un gran sentido de la colocación en el rectángulo de juego y miraba cada gesto del jugador contrario que iba a lanzar el balón.

Muchos jugadores intentaron imitarlo pero fracasarían en el intento.

Él nos decía que no había ningún secreto que el campo tenía unas medidas y los jugadores solo tenían dos piernas.

¡Qué sencillo resultaba para él y que difícil para nosotros!

De igual forma, en mi vida deportiva he visto muchos futbolistas que efectuaban grandes desplazamientos de balón sobre todo por alto pero nunca un futbolista que deslazara el esfércio a ras del cesped desde la defensa al extremo con una velocidad diabólica, tanto en horizontal como en vertical.

Juanito Guedes nos hacia mejores jugadores a todos los demás.

 

 

JUANITO GUEDES Y JOSE CRISTÓBAL CORREA, DOS JUGADORES DE CULTO, SALDAN SUS DIFERENCIAS EN UN ENTRENAMIENTO, SIENDO  SANCIONADOS POR EL CLUB

 

Entrenábamos en el Estadio Insular con el técnico Vicente Dauder.

Yo había venido formando con la alineación titular desde el primer encuentro de Liga en nuestro debut ante el Barcelona dando un buen rendimiento a tenor de la afición y crítica especializada. De pronto, sin saber las razones, me relegan a la suplencia. La crítica no podía explicárselo ya que me encontraba en un buen momento de forma. Juanito Guedes que formaba conmigo y con Germán en el centro del campo no lo entendía y me pedía que tuviera paciencia dándome ánimo y ponderándome constantemente y diciéndome que todo volvería a su lugar.

Yo, me limitaba a esforzarme cada día en los entrenamientos tratando de demostrarle al técnico que tenia un sitio en la alineación titular. No pedía explicaciones dado que me parecía una falta de respeto a mis compañeros pero a decir verdad tu autoestima baja considerablemente.

Juanito Guedes y yo jugábamos en el centro del campo y al estar entre los suplentes normalmente teníamos que enfrentarnos a los titulares. Como era lógico en el transcurso del encuentro debíamos disputar muchos balones. Juanito Guedes era mi mejor compañero, pero un jugador que al igual que yo, teníamos un carácter fuerte.

El entraba con mucha contundencia al balón y como solía decir con gracia y sorna: “En el campo no hay amigos”.

Tenia una forma muy peculiar de cubrir el balón y con el tren inferior que poseía era extremadamente difícil desbordarlo máxime con la contundencia y competitividad con que solía ejercitarse en los entrenamientos.

En una ocasión teniendo el balón en mi poder me entró con las piernas de frente y yo vi la única posibilidad de colarle el balón entre aquellos dos grandes molinos de viento. Fue una acción intuitiva sin mala intención y mucho menos dejarlo en evidencia. Fue todo muy rápido y mi única salida de salir airoso de su entrada.

Juanito Guedes quedó algo desequilibrado y yo salí por un lateral con el balón controlado. En realidad, tuve mucha suerte porque lo había cogido a contrapié por su pierna derecha. En el fútbol se producen acciones en ráfagas de segundos que no tienes tiempo de pensar como suceden y aquel día sucedió una de ellas.

Ya salvado el obstáculo y cuando me proponía continuar la jugada siento que me entran fuertemente por detrás cayendo al césped de forma fulminante con un gran dolor en el tobillo.

Me levanté a pesar del fuerte golpe y me dirigí a él agradiéndonos mutuamente. Fue cuestión de segundo ya que los compañeros nos separaron al momento.

Estos incidentes suelen suceder a menudo en los entrenos de todos los equipos del globo terrestre pero no sé porqué razón todo lo que tenia que ver con mi persona adquiría una dimensión diferente y proporciones desorbitadas.

Todo lo que se relacionaba con Correa tenia una transcendencia desmesurada.

El entrenador Vicente Dauder estaba algo retirado de la jugada, pero Carmelo Campos que estaba más cerca viene corriendo increpándome con gestos de forma airada enviándome a vestuarios, mientras Juanito Guedes permanecía en el terreno de juego, cosa que no entendía ya que había sido supuestamente el agresor en aquella jugada.

Carmelo Campos.

Recuerdo que salí de la cancha llorando de impotencia y ya no recuerdo las palabras que le dije el entrenador auxiliar en mi trayectoria hacia vestuarios.

El partidillo proseguiría y al bajar las escalerillas de la caseta pude sentir por las pisadas que alguien me venia siguiendo. Por un momento pensé que era el técnico Vicente Dauder pero cuando me giré para ver su rostro me encuentro a Juanito Guedes, quien con un gesto de gran nobleza, dándome un fuerte abrazo, me dice:

“perdóname hermano. Espérame al final del entrenamiento que esto tenemos que arreglarlo.

Tengo que hablar con don Jesús antes que Carmelo Campos le entregue el informe”.

Si otro jugador se hubiese marchado del entrenamiento a consolar a su compañero a su libre albredrío   no sel o que podría haber pasado.

Cuando le advertí “Juan, regresa al partidillo, que te pueden amonestar”.

Su contestación fue la de siempre: “Aquí no pasa nada”. Todos los rectores del club, secretario general, técnicos y demás estamentos tenían hacia él un trato reverencial. Nunca vi a un jugador por importante que fuera con esas dotes de mando dentro de la institucion ni su personalidad.

Me admiraba la forma y maneras que tenia Juan de dialogar y su impresionante carisma. No era un hombre ilustrado ni utilizaba vocablos culteranos o actuaba sentando principios de autoridad. Sin embargo, tenia una simpatía y agilidad mental fuera de lo común.

He conocido a muchos jugadores con carreras universitarias y cargos sumamente relevantes a nivel nacional que ala hora de la verdad tenían una actitud lisonjera y medrosa con los estamentos de poder del club en el caso de Juanito Guedes era todo lo contrario.

Su sentido de la justicia y rectitud estaba siempre presentes y lo de esperar ni se pasaba por su mente.

A su lado te sentías protegido. Quizá debido a ello todos recurríamos a él en momentos de apuro y situaciones adversas. Recuerdo que lo esperé tras el entrenamiento y nos dirigimos a la vieja sede de Luis Antúnez. Nos salió al paso don José Guerra que era el adjunto a la Secretaria General y el hombre de confianza de don Jesús.

José Guerra Pérez, adjunto a la secretaría general y primer jefe de archivos del Club.

Ellos llevaban tiempo juntos y la compenetración era total diciéndonos que no nos podía recibir dado que estaba en ese momento muy ocupado, pero Juanito Guedes tenia una inteligencia natural y no era nada fácil convencerle.

Jesús García Panasco, secretario general de la UD Las Palmas

Me quedé sorprendido cuando apartó a don José Guerra y siguió adelante sin apenas inmutarse hasta llegar a la puerta del despacho de don Jesús. Dio un par de toques en la puerta y entró directamente haciéndome pasar. el secretario General quedó algo perplejo, pero era un hombre de grandes recursos con un extremado poder de convicción.

Juanito Guedes con voz firme y una seguridad admirable le dijo: “Mira don Jesús me he tomado el permiso de entrar porque vengo a comentarle un tema que requiere urgencia.

Recuerdo que Juanito se disculparía de una forma muy elegante  y educada  culpabilizándose de todo lo sucedido en el campo y asumiendo toda la responsabilidad de los hechos.

Yo, sin pronunciar palabra no daba crédito a lo que oía. El Director General dirigiéndose a Juan con el mayor de los respetos nos dijo la frase que con frecuencia solía pronunciar. “¡Pase la página!”

Aquel gesto de solidaridad y compañerismo de Juan no lo podré olvidar mientras viva ya que en el mundo del fútbol lo más frecuente es que cada uno intente solventar sus propios problemas.

El secretario general nos dijo que trataría de convencer al técnico y a Carmelo Campos. Recuerdo igualmente que cuando nos íbamos el Sr. Guerra nos salió al paso con cara de pocos amigos. Juan sin evitar su mirada se dirigió al él con tono amable diciéndole: “Perdone si le he podido ofender pero era un caso que requería celeridad y no olvide que un jugador profesional que defiende los intereses de este club siempre debe tener preferencia. Espero su comprensión. Muchas gracias”.

Pude observar el gesto del Sr Guerra entre atónito y enmudecido. Todo se saldaría con un apretón de manos.

Todo ello no quita para decir que a las pocas semanas nos llegaba una sanción bastante elevada.

He tenido muy buenos compañeros en el mundo del fútbol como en todos los ordenes de la vida, pero el afecto que llegué a sentir por Juanito Guedes era muy especial, unos lazos de amistad y simpatía que trascenderían lo meramente futbolístico.

Se preocupaba por mi en todo momento tratando de darme moral.

No estaría bien ni seria ético que dijera aquí como me valoraba y que opinaba de mi con respecto a mi inclusión en el equipo. Su familia y muchos compañeros lo saben y con ello me basta.

Esta admiración era recíproca ya que para mi Juanito Guedes era el mejor jugador de la U.D. Las Palmas en la época que nos tocó vivir.

Como futbolista ya se han escrito ríos de tinta.

He entrenado con muchos compañeros, sobre todo en el atlético de Madrid, un club repleto de jugadores internacionales de gran nivel: Adelardo, Collar, Luis Aragones, Gárate…

Ninguno me impresionó tanto como Juanito Guedes.

Cuando alargaba las piernas en el centro del campo y te gritaba ¡Mia! Tenias que salir de su zona inmediatamente.

Era igualmente un hombre recto de grandes principios y convicciones religiosas.

Ello no era óbice para que le gustara divertirse y hacer de las suyas. Me asombraba la facilidad que tenían Juan y Tonono para salir y entrar de las concentraciones con una serenidad impresionante a menudo he pensado que era imposible no ser vistos con aquella tranquilidad.

Pero ellos por los méritos contraído tenían indulgencia plena. ¿Quien era el que se atrevía a llamarle la atención a Juanito Guedes o a Tonono?

Eran dos auténticos fenómenos en todo lo que hacían.

 

 

SIN MAS TÍTULO QUE UN ADIÓS. SUS ÚLTIMAS VOLUNTADES

Leyendo un artículo sobre el primer jugador de la U.D. Las Palmas fallecido en activo de juanito guedes no he podido dejar de rememorar el amargo dolor que sentí en su fallecimiento.

En los últimos momentos de su vida la familia me pidió que le ayudara en sus últimas voluntades.

Yo ya no formaba parte del equipo y trabajaba como oficial de notario.

Jose Díaz Lamana “El notario” fue quien redactaría el documento.

Juan Guedes sabia todo sobre su enfermedad pero era tan valiente y noble que para no preocupar a nadie trataba de ocultar su dolor.

José Cristóbal Correa habia nacido en la señorial calle de los balcones del barrio de Veguera. Desde muy corta edad aquel niño estaba iluminado por un don sobrenatural para la práctica del balompié.

Al igual que su ídolo Alfonso silva, de nuevo el fútbol volvía a entrar por los cauces de un genio y se apoderaba de una época.

Hay jugadores que tienen una dimensión mitológica y llevan en su fútbol de autor una heráldica, un paisaje personal que les identifica. Juanito Guedes y José Cristóbal Correa ilustran esta definición.

En lo que a mi respecta ha sido el jugador más completo de todos los equipos donde yo he militado, incluyendo el Atlético de Madrid.

La presencia de Juanito Guedes en el terreno de juego imponía de tal manera que te hacia sentir seguro en todo momento. Te daba ese punto de confianza y de valentía que en ocasiones necesitabas.

No paraba de hablar y gesticular en todo el encuentro levantándote el ánimo cuando tenias un día aciago. En ocasiones me hacia reír cuando en partidos importantes ante grandes equipos antes de sacar en el pitido inicial me decía:

“Todos los que ves aquí frente a ti ya quisieran tener la mitad de las condiciones futbolísticas que tú atesoras. Hoy nos vas a enseñar a todos como se juega a fútbol! Yo me lo tomaba a broma porque sabia que su intención era subirme la moral y autoestima. Me conocía perfectamente y sabia que los silbidos de la afición me afectaban dada mi frágil moral.

Sus palabras me daban una seguridad tan grande que ahora me gustaría poder tener la oportunidad de expresárselo y agradecérselo.

En aquellos años era muy joven y le decía cualquier cosa para que no siguiera ponderándome.

Cuando Juanito Guedes no estaba a mi lado en el centro del campo todo parecía diferente. El equipo bajaba muchos enteros estando Juan estaba ausente. Al ser un jugador que cubría todas las zonas del campo con aquel juego tan combinativo y arrollador se convertía en medio equipo.

Juanito Guedes era una persona muy sencilla y humilde que huía de todo protagonismo.

Es extraño pero nunca le oí hablar de sus éxitos o virtudes futbolísticas.

Al contrario que otros que de alguna u otra forma siempre estaban haciendo referencia a sus logros y a su época.

El prestigio deportivo y social se gana en las pequeñas acciones y en este aspecto tanto Juanito Guedes como Tonono eran paradigmas ejemplarizantes y quizá esa haya sido la razón de ser los jugadores más queridos y respetados por la afición y sociedad en general.

Es verdad que Juanito Guedes tenia su carácter y era una persona que no toleraba los abusos y llamaba a las cosas por su nombre.

Quizá por ello nos comprendíamos y  nos llevábamos tan bien.

Detestaba la doble moral. Podría enumerar infinidad de ejemplo pero nunca vi a un técnico llamarle la atención.

Un amargo día recibi una llamada telefonica. Al otro lado de la línea delataba su estado ya muy deteriorado, diciéndome: “Quiero hacer testamento y nadie mejor que un verdadero amigo como tu para hacerse cargo de mis últimas voluntades. Todo aquello me parecía tan irreal que no podía articular palabra alguna, limitándome a escucharle atentamente. Estaba muy sereno y resignado y era plenamente consciente de todo lo que sucedía a su alrededor. Cuando nos dijimos adiós y colgó el auricular no pude reprimir las lágrimas. La vida había sido cruel con un muchacho en plena juventud que además dejaba una esposa muy joven y dos hijos muy pequeños. Nunca he podido superar aquella llamada y tan fatídico destino.

En cierta medida no era solamente el ruego de sus últimas voluntades. Comprendí que había llamado para despedirse de mi aunque no lo manifestara.

 

 

JOSÉ CRISTÓBAL CORREA.

UN DIGNO REPRESENTANTE DEL FUTBOL ILUSTRADO