Estadio Insular. Escenario de nuestros sueños de ayer

CAPÍTULO X

 

 

Escenario de nuestros sueños de ayer

 

 


 

on el cierre del legendario Campo España convertido en canódromo el Estadio Pepe Gonçalvez vino a suplir en parte la necesidad de terrenos de juego en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Este campo de fútbol pertenecía a la Junta de Obras del Puerto y había sido construido con gran sacrificio por los aficionados del Real Club Victoria. En este campo se jugarían inolvidables partidos de rivalidad isleña con la participación de míticas figuras que perdurarán para siempre en nuestro recuerdo. Su historia, aunque intensa fue breve, cerrando sus puertas el 24 de diciembre de 1944 en un encuentro donde el Atlético Club se imponía al C.D. Gran Canaria por la mínima diferencia.

 

Maqueta del Estadio Insular realizada por el pintor indigenista Santiago Santana. Este primer diseño sufriría con posterioridad algunas variaciones.

 

Panorámicas del Estadio Las Palmas ( Estadio Insular ) en los inicios de su construcción




Aspecto que ofrecían las arenas de la grada curva cuando se edificó nuestro estadio.

 

Foto tomada desde el Paseo de Chil donde se construiría la grada curva. Como se puede apreciar en la parte de naciente aún no había sido edificada la popular fábrica de Fedora, que se construiría en los inicios de la década de los cincuenta.

 

Gregorio León Morales.

La apacible por aquel entonces ciudad de Las palmas de Gran Canaria había ido creciendo, duplicando en pocos años su población que ya contaba con un censo de 150.000 habitantes y que demandaba a gritos un escenario más amplio. Mientras los mandatarios y fieles seguidores del Marino C.F. cansados de la hegemonía que ejercía el R.C. Victoria sobre el estadio, teniendo incluso que ir a entrenar al campo de sus eternos rivales, decidieron construir su propio terreno de juego, enmarcándolo en el centro geográfico de la población, entre los dos sectores más populares de la ciudad: el casco de la ciudad, Las Palmas de Gran Canaria y el Puerto de la Luz. Ya en épocas pretéritas Gregorio de León Morales intentó la construcción de un gran estadio para el Marino C.F. pero después de grandes dilaciones la idea no llegaría a prosperar, teniendo que esperar casi veinte años para ver su sueño hecho realidad.

 

 

 

 

 

Eufemiano Fuentes Díaz.

Eufemiano Fuentes Díaz

Nervio del proyecto

La posibilidad de construcción del estadio comenzó a tomar visos de realidad cuando accedió a la presidencia del Marino C.F. el destacado empresario Eufemiano Fuentes Díaz. La directiva que él presidía y la valiosa colaboración de un grupo de marinistas decidieron acometer esta magna empresa, dotando a la ciudad de un magnífico estadio para la época. Entre estos abnegados colaboradores podríamos destacar a Isidro Miranda, Luis Suárez Acosta, Francisco Alonso, Manuel Miranda, Domingo Salas, Manuel Doreste, Isidro Godoy y Juan Rodríguez Doreste, que fue el secretario de la comunidad constructora. A este estadio se le denominó en un principio Estadio Las Palmas, aunque muchos aficionados lo vincularían al Marino C.F. por ser el propietario de la empresa, llamándolo campo de la Empresa Marino CF. Conviene aclarar a algunos lectores, sobre todo a las nuevas generaciones, que fue con posterioridad, al asumir el Cabildo Insular en 1951 la compra del mismo estadio cuando pasó a denominarse definitivamente Estadio Insular.

 

Las excavaciones de cimientos realizadas en el estadio alcanzaron 3.443 metros cúbicos.
Trabajos efectuados en el Estadio Las Palmas en el momento de su construcción. Las excavaciones alcanzaron 8.908 metros cúbicos, el desmonte 11.830. Se construyeron 3.390 metros cúbicos de mampostería, de hormigón en masa 557.157 y de hormigón armado 1.162. Las paredes y sillares alcanzaron los 3.486 metros y los muros de sillares 2.447.

 

 

Fernando Delgado.                Alfredo Farray.

Comienza la magna empresa

El proyecto de la obra se le encargó al arquitecto Fernando Delgado y la construcción a Alfredo Farray.

En la construcción del estadio se trabajó en turnos de veinticuatro horas en medio de una gran expectación terminando los trabajos del recinto deportivo en un tiempo récord de siete meses. Por la noche los trabajadores utilizaban reflectores para iluminar el lugar que, exceptuando unas pocas casas en la parte de naciente, estaba completamente desierto. El terreno de juego se construyó con las medidas de 105 x 68 metros, con una pista de seis metros de ancho que en su segunda fase fue acortada. Fue removido con una profundidad de un metro, estando los desagües unidos a la red general del estadio, situada a unos doscientos metros de la playa. En su primera fase el Estadio Insular estaba ideado oficialmente para ocho mil espectadores. Pero al iniciar la reforma la corporación insular se incrementaría a veintidós mil localidades. El importe en material de obra, según comunicaron a los medios informativos Fuentes Díaz, Rodríguez Doreste, Miranda y Suárez, era de aproximadamente dos millones de pesetas, pero el coste total de la instalación en todos los conceptos fue exactamente de cinco millones y medio de pesetas. Hay que significar la gran generosidad de estos marinistas y en especial de su presidente Eufemiano Fuentes Díaz, que ocho años más tarde venderían el recinto deportivo al Cabildo Insular por esta misma cifra. La corporación insular, en agradecimiento, los recompensaría con un asiento vitalicio.

 

La bendición

Un día de navidad, 25 de diciembre de 1944, fue la fecha señalada para la bendición e inauguración del Estadio Las Palmas. El religioso acto de la bendición del estadio tuvo lugar a las doce del día. Acudieron al campo las autoridades civiles y militares, federativos, representaciones de los clubes filiales y numerosas personas invitadas. La ceremonia religiosa estuvo a cargo del arcediano de Canarias Pedro López Cabeza, que fue auxiliado por el párroco de la jurisdicción José Espino Moreno.

 

Imagen que recoge el acto de la bendición del estadio por el arcediano de Canarias Pedro López Cabeza.

La comitiva religiosa, federativos y autoridades se dirigen al centro del campo para proceder al acto de inauguración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto tomada en los salones del Gran Hotel Parque durante el vino de honor.

Vino de honor

En el Hotel Parque se sirvió un vino de honor sobre la una de la tarde. Lo ofreció la gerencia del campo. Asistieron las distintas autoridades, varios directivos del deporte y numerosas personas. El alcalde de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria pronunció unas palabras destacando la importante significación del estadio que se iba a inaugurar.

 

 

 

 

 

 

 

Inauguración del Estadio Las Palmas

Desde muy temprano comenzó la afluencia de público para el partido inaugural,  y sobre las cuatro de la tarde ya presentaba el estadio una entrada inmejorable. La selección de Las Palmas viste camisa blanca y pantalón azul, la del Puerto elástica roja y pantalón blanco. Formados todos los jugadores en el centro del terreno se procede a la imposición de la medalla al mérito deportivo a Eufemiano Fuentes Díaz, nervio y corazón de la gran empresa. Es Fernando Rivero del Castillo Olivares quien, como miembro de la federación saliente, le impone tal distinción. Fue un momento muy emotivo, dedicándose al acto una gran ovación. La señora de Eufemiano Fuentes Díaz, Antonia Naranjo, sería la encargada de efectuar el saque de honor.

 

Fernando Rivero del Castillo, presidente de honor de la Federación Regional de Fútbol de Las Palmas, en el acto de imposición de la medalla al mérito deportivo a Eufemiano Fuentes Díaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Formación de la Selección de Las Palmas.

La Selección de Las Palmas formaría con esta alineación: Cristóbal. Victoriero, Naranjo, Jerónimo, Carmelo Campos, Méndez, Pinilla, Polo Oramas, Molowny y Cabrera

Formación de la Selección del Puerto.

La Selección del Puerto presentaría la siguiente alineación: Hernández, Cástulo, Pérez, Mentado, Medina, López, Pacuco Penichet, Tomás, Pacuco Jorge, Gallardo y Oramas.

 

 

Carmelo Campos por la Selección de Las Palmas y Cástulo por la
Selección del Puerto de la Luz posan con el colegiado de la contienda 
Díaz Casanova y los jefes de línea.
Los capitanes de ambas selecciones, Carmelo Campos y Cástulo con el presidente del Marino Eufemiano Fuentes y esposa.

 

 

La señora de Eufemiano Fuentes, Antonia Naranjo, realizando el saque de honor.

 

Encuentro de inauguración

Aspecto que presentaba el Estadio Las Palmas el 25 de diciembre de 1944, día de navidad, cuando se celebró el encuentro de inauguración.

 

Delante de la valla el seleccionador del equipo de Las Palmas, Navarro Mazzoti, sigue el desarrollo del encuentro. Se daba la circunstancia de que cinco años más tarde al fundarse la U.D.Las Palmas sería precisamente Navarro Mazzotti quien sustituiría a Nicolás Martinón en la dirección técnica del equipo amarillo.

 

El entrenador del equipo del Puerto, Martinón, con sus auxiliares observando las incidencias del juego según recoge la revista Estadio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sebastián Rodríguez Mendoza.

Sebastián Rodríguez Mendoza (Polo). Autor del primer gol.

Comenzó el juego llevando la iniciativa el conjunto de Las Palmas y a los tres minutos se anotó el primer tanto. Una jugada rápida por la izquierda con centro de Cabrera que es aprovechado por Polo, que marca convirtiéndose en el autor del primer gol de la historia del Estadio Insular. Seguidamente la Selección del Puerto toma la iniciativa con varios centros de Pacuco, desaprovechados por falta de profundidad. Esta primera parte terminaría con ventaja de la Selección de Las Palmas. En la primera parte se lanzó un penalti al marco de Cristóbal, que dio en el palo. La pena máxima la efectuó Pacuco Jorge, errando en el disparo. En la segunda parte se registraron algunos cambios. Por la selección del Puerto entrarían Pérez, Caraballo, Cordero, Quintero, Silva y Moreno. Por el bando de Las Palmas se nota la ausencia de Carmelo Campos, pasando Polo a la medular y Zuppo a interior derecho. Y cuanto mayor es el dominio de la selección porteña marca el bando de Las Palmas por medio de Oramas. En los últimos minutos la selección del Puerto reduciría diferencias marcando Cordero un precioso gol. El conjunto de Las Palmas fue dirigido por Jesús Navarro, mientras que para la selección del Puerto fue asignado Nicolás Martinón. Arbitró sin complicaciones el colegiado Díaz Casanova.

 

 

 

 

 

 

 

 

Portada revista Estadio

Revista Estadio, editada por la empresa Fotograbado Arte,  propiedad de Bonifacio Hernández Gil.

 

 

Hacia la construcción del gran Estadio Insular

Panorámica del Estadio Insular en los años cincuenta.

 

En un principio nuestro recinto deportivo estaba registrado para ocho mil espectadores. Al asumir la compra del estadio la corporación insular se iniciaron las reformas para su ampliación, incrementándose el número a veintidós mil localidades.

Bajo la consigna “todo por el deporte”, el presidente del Excmo. Cabildo Insular, Matías Vega Guerra, prometió que el fútbol canario no declinaría por falta de apoyo económico, comenzando por la adquisición del Estadio Las Palmas que, como he señalado anteriormente pasó a denominarse Estadio Insular. Cuatro compañías trabajaron en dichas obras: La Hidráulica, Fernando Delgado, Alfredo Farray y Elejabeitia. El Sr. Picart, conservador del gran estadio Montjuic, se encargaría de dotar al recinto de césped, empleando 2.500 Kg. de semilla holandesa para las tareas de plantación.

El nuevo estadio fue reinaugurado con sus mejores galas el 9 de septiembre de 1.951, coincidiendo con el debut liguero de la U.D. Las Palmas en Primera División ante el Real Madrid.

 

Matías Vega Guerra.

 

El nuevo estadio fue reinaugurado el 9 de septiembre de 1951

 

Matías Vega Guerra, presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria cuando se efectuó la compra del estadio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Derrumbe de la Grada Curva

Los aficionados canarios acudieron en masa a presenciar el primer encuentro liguero en Primera División ante el Real Madrid, que registró un lleno hasta la bandera. Como consecuencia de la abrumadora afluencia de público apiñado en el graderío se produjo el derrumbamiento de una muralla de ladrillos en la grada Curva, resultando heridos un buen número de aficionados que fueron asistidos en un centro sanitario de la capital.

 

El día 20 de junio se celebraba una sesión ordinaria donde asistían Pedro Fuentes Díaz y Vidal Rivas. Este último había sido comisionado para contactar con el Picart de Barcelona, técnico en la preparación de terrenos de juego. Suárez Valido informa a la junta de la necesidad de agrupar en el estadio la tierra virgen a efectos de tenerla preparada a la llegada de Picart.

 

De izquierda a derecha, Pedro Fuentes Díaz, José Suárez Valido, Ezequiel Hernández Blanco y Luis Piernavieja del Pozo.

 

Ezequiel Hernández Blanco se encargaría de hablar con los hermanos Betancor y con el jefe delegado de abastos Luis Piernavieja del Pozo, con objeto de conseguir el préstamo o arriendo del estanque que dichos hermanos poseían junto a un lugar conocido como “La Batería”, facilitando el agua para el regado del campo.

 

En relación a la idea expuesta por el presidente Eufemiano Fuentes sobre la construcción de puertas registradoras automáticas para instalar en las bocas de acceso del estadio como medida de control para controlar el número de espectadores, se comprometería a enviarles los tornos registradores por barco desde el puerto de Southampton. Con posterioridad y ya en el ecuador de la década de los años cincuenta se adquirieron de la casa W.T.Ellison & CO.LTD, con domicilio en Manchester.

 

Tornos registradores enviados desde Southhampton y Manchester

 

Como se puede apreciar el proyecto de un gran estadio confeccionado por el Fuentes y un grupo de amigos deportistas fue adquiriendo visos de realidad gracias al trabajo tenaz del Cabildo Insular de Gran Canaria, que fue obteniendo todas las acciones particulares para cederlas luego en administración a la UD Las Palmas. En esta firme decisión del Cabildo Insular que presidía Matías Vega Guerra, colaboró también el ayuntamiento capitalino que regía Francisco Hernández González. El palco presidencial constaba de tres departamentos. En la parte inferior se construirían los palcos de la Federación, U.D.Las Palmas, club visitante y dos para la prensa. Alfredo Farray fue el responsable de la reforma en esta zona de palcos, tribuna y preferencia norte aunque también tuvo a su cargo un sector de la grada de general de naciente, construcción que en su mayor parte corrió a cargo del Elejabeitia.

 

Elejabeitia.
Francisco Hernández González, alcalde de Las Palmas de GC.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Negociaciones del presidente amarillo, José Del Rio Amor, con los administradores del Estadio Insular.

 

Notificación del consejo de administración del Estadio Insular, empresa Marino C.F. al presidente de la UD Las Palmas.

 

La grada curva tuvo como máximo responsable a Fernando Delgado. Llevaría esa grada un pasillo central dividido en dos partes: la parte superior sería la de preferencia con fachada al Paseo de Chil. En lo alto de esa grada lucirían las banderas de todos los clubes de Primera División, situadas por el orden de su clasificación en la tabla. Con el transcurso del tiempo las banderas pasarían a ser ubicadas en la grada sur y de naciente.

 

Panorámica de la grada curva una fría tarde de invierno. Los mástiles y las banderas en un principio estaban colocados en esta grada de poniente, con posterioridad serían ubicados en la grada sur y naciente.

 

En la imagen otra panorámica de la grada curva en un apasionante encuentro con el Atlético de Bilbao de la temporada 1955/56, que registró un lleno hasta la bandera.

 

Miguel Martín Fernández de la Torre, arquitecto y hermano del célebre pintor Néstor de la Torre, fue el encargado de diseñar todos los trabajos de ebanistería y madera efectuados en el palco del estadio Las Palmas, incluyendo el escudo de la corporación cabildicia, compartimentos y balconadas elaborados en el taller de su hermano Rafael. De la Torre ha sido, sin lugar a dudas, el arquitecto más prolífico que ha dado las Islas Canarias. Aparte de las obras del palco del Estadio Insular, diseñó la configuración urbanística de Ciudad Jardín, paseo de Las Canteras, Cabildo Insular, Hotel Santa Catalina, y el Parador de Tejeda entre otros mucho proyectos. De hecho realizó más de mil cuatrocientos diseños por lo que se puede afirmar que la configuración urbanística de la capital grancanaria se debe en gran medida a la figura de Miguel Martín Fernández de la Torre, que ha sido considerado padre del racionalismo en Canarias.

 

De izquierda a derecha, Miguel Martín Fernández de la Torre, Rafael Martín Fernández de la Torre y Cecil Pavillard.

 

Finalmente, en acta del 11 de junio de 1.951 se agradece a Cecil Pavillard su amable ofrecimiento de la semilla de césped para el plantado de nuestro campo, acordándose designar al contador Hernández Blanco para que represente al club en las reuniones del consejo de administración del Estadio Insular SL pudiendo intervenir con plenas atribuciones.

 

Palco de la corporación cabildicia en el Estadio Insular. En la parte superior, el escudo de la ciudad obra de Néstor de la Torre.

 

Plano del Estadio Las Palmas

Proyecto de los planos originales del Estadio Las Palmas donados por el consejero del Cabildo Insular Fernando Rivero del Castillo Olivares y su hijo José Rivero Gómez.

 

 

Escudo clásico de la Ciudad de Las Palmas diseñador por Néstor Martín Fernández de La Torre que sería ubicado en el centro del Estadio en el palco de la Corporación cabildícia. Este escudo sería incomprensiblemente sustraído por los ´cacos´sin saberse nada de él hasta la fecha.

 

 

Primeros porteros del Estadio Insular fotografiados con sus respectivas taqueras bajo las órdenes del jefe de personal D. Federico Romero Montenegro.

 

Antiguas taqueras donde se efectuaban los recuentos de los partidos celebrados en el Estadio Insular.

Cantinas del estadio

Carmelo Campos ha sido una institución en la UD Las Palmas. Es el único miembro de la entidad que ha vivido toda la historia del club amarillo desde su fundación hasta un pasado reciente, llegando a asumir incluso las funciones de máximo responsable técnico en sustitución de varios entrenadores en los albores de la década de los cincuenta. Con el único testigo de unas gradas silentes nos solía contar con auténtica devoción: “cuando por las tardes salíamos de la sede social del Marino en León y Castillo, en unión del presidente Eufemiano Fuentes y el entrenador Jesús Navarro, con frecuencia acudíamos a la heladería Los Alicantinos en la calle Venegas. Allí fue donde oí por primera vez sobre la construcción de un nuevo estadio, sugiriéndome el presidente llevar las cantinas del mismo tan pronto estuviera terminado. Al no poder atenderlas dada mi plena dedicación al fútbol como jugador primero y auxiliar de entrenador después, se las ofrecí a mi padre que se convertiría en el primer cantinero del Estadio Las Palmas”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Francisco Campos Martín, padre de Carmelo Campos Salamanca, fue el primer cantinero del Estadio Insular.
Jesús Navarro Mazzoti.
Carmelo Campos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Carmelo Campos parecía recrearse en lugares entrañables del estadio: Fedora, antiguo marcador, naciente, cantinas… “Si he querido que nuestra cita tuviera lugar en el Estadio Insular es porque este lugar ha sido como mi propia casa y sentiré profundamente, si aún estoy con vida, su demolición. He acudido a este recinto deportivo diariamente desde el mismo día de su inauguración, un veinticinco de diciembre de 1944 , día de navidad, actuando como capitán de la Selección de Las Palmas”.

 

Reunión en el Estadio Insular con la finalidad de ultimar detalles sobre el arrendamiento de las cantinas adjudicadas en su inauguración a Francisco Campos, padre de Paco y Carmelo Campos. En la imagen, de izquierda a derecha: Cayetano González Roca, Paco Campos, Francisco Campos, Cecilio López y Emilio León.

 

 

 

 

 

Grada de naciente, también denominada grada de Fedora.

 

Grada curva.

 

Grada sur, también conocida como grada del marcador.

 

Grada de tribuna.

 

Impresionante aspecto que ofrecía la grada curva antes de un encuentro ante el Atlético de Bilbao.

 

El balón de válvula espera en el centro del terreno de juego. En la imagen. lleno que presentaba el Estadio Insular antes del encuentro con el FC Barcelona en la temporada 1955/56.

 

El gran entusiasta Zuppo fuel el primer animador del Estadio Insular. Llegaba al recinto deportivo con la peña Rambla de Tenerife, animando desde el centro del campo con su clásico ‘riqui-raca’.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Grada de naciente conocida como ‘grada del Morro o de Fedora’

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Maestro Gumersindo (1914-1992).

Gumersindo Fuentes de León

Al escribir estas páginas retrospectivas de la historia de nuestro estadio no podemos en modo alguno olvidar a quien fuera durante muchos años su máximo responsable. Tocado con su sombrero campesino y siempre rodeado de llaves, maestro Gumersindo se supo ganar el aprecio y el respeto de todos los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerle. Trabajaba como mayordomo en la finca de Eufemiano Fuentes en Las Meleguinas. Poseedor de una gran sabiduría popular y muy eficiente en sus labores, era Gumersindo el hombre de confianza del presidente, quien al constituirse la U.D.Las Palmas le ofreció el puesto de conserje encargado del Estadio Las Palmas.

 

Su nombre quedará vinculado para siempre a la historia del Estadio Insular

 

Al adquirir el Cabildo Insular el recinto deportivo pasó a ser funcionario de dicha corporación. Durante cuarenta y cinco años fue el conserje encargado del estadio esmerándose siempre en el cuidado del césped. Solía decir con frecuencia que el patio de su casa era el Estadio Insular. Tenía como residencia, desde el año 1.948, una modesta casa dentro del propio estadio. La cancha de juego era en realidad la proyección de su propia vivienda y allí, una vez cerradas las puertas del estadio, se le podía ver en soledad y en silencio aguardando que fuera bien entrada la noche para encargarse del regado del césped. Según él, eran las horas más adecuadas. Se levantaba con el alba y cuando todos dormían bajaba lentamente las gradas desde su casa para inspeccionar cómo quedaba el terreno de juego. Era tanto el amor y dedicación al cargo que en cuarenta y cinco años de esmerados servicios al club nunca quiso disfrutar de unas merecidas vacaciones. Notario y testigo de tantos acontecimientos deportivos a lo largo de los años, maestro Gumersindo siempre será recordado por su bondad, lealtad y eficientes servicios a la entidad.

 

 

 

 

Raúl Molowny .

De cómo Raúl Molowny se convierte en el primer administrador del Estadio Las Palmas al fichar su hijo, Luis Molowny, en el Marino CF.

 

Los primeros administrativos de nuestro recinto deportivo antes del nacimiento de la UD Las Palmas fueron Raúl Molowny y Florencio Bethencourt, más conocido como ‘Juan Gol’. Raúl Molowny pasaría a formar parte de la Empresa Marino C.F. desde que se produjo el fichaje de su hijo Luis por el club albiazul de fuera la portada, ya que era parte del convenio establecido con el presidente del Marino, Eufemiano Fuentes Díaz. Raúl Molowny había sido un destacado delantero centro en los primeros años del club tinerfeño. Trabajaba como administrativo cuando un buen día le llega una oferta del CD Tenerife para entrenar a los reservas. Su hijo Luis jugaba en los juveniles del Tenerife y por su gran calidad lo incorporaban con los mayores en los partidos amistosos ya que no podía jugar oficialmente al no tener la edad reglamentaria.

 

Raúl Molowny era más exigente con su hijo que con el resto de jugadores, tratando de pulirle no solo sus defectos futbolísticos sino inculcarle también valores morales. El presidente del Marino, Eufemiano Fuentes, había intentado antes la contratación del joven Alfonso Silva, pero el fichaje no llegaría a concretarse dada la inclinación de la familia Silva por el RC Victoria. Luis Molowny no había cumplido aún los dieciocho años y su fama había ido creciendo en todas partes y muy pronto le llega su primera oferta. El pundonoroso defensa marinista Victoriero le había dado muy buenas referencias del chico a Eufemiano Fuentes, presidente del Marino. Los dirigentes del Marino se interesaron desde un primer momento pero antes pidieron hacerle una prueba. Se concertó un amistoso con asistencia de mucho público, pero los nervios le jugaron al joven una mala pasada, siendo su rendimiento discreto.

 

Un adolescente Alfonso Silva vistiendo la camiseta del Frente de Juventudes en los campos de La Casa del Niño.

Sin embargo, el presidente Eufemiano Fuentes, no se dejó llevar por aquella actuación viendo en el chico grandes cualidades. Presentándose inesperadamente en vestuarios pidió hablar con Luis Molowny a quien dijo: “te ofrezco un contrato de cinco años”. Luis respondió que primero tenía que regresar a Tenerife y consultar con su padre ya que éste se oponía en un principio a su salida, al considerarlo muy joven. El jugador Victoriero visitó en Tenerife al padre de Luis. Le comunicó por órdenes expresas del presidente que estaban dispuestos a ofrecerle un contrato de cinco años a razón de cinco mil pesetas de ficha y trescientas de sueldo mensual. La respuesta de Raúl fue negativa, aunque prometió pensarlo. Así las cosas, el defensa marinista Victoriero se pone en contacto con el presidente y le hace saber que si quiere realmente el fichaje del chico tendría que trasladarse en persona a Tenerife.

 

En la imagen, Luis Molowny en sus primeros años como jugador marinista en el estadio Pepe Gonçalvez

 

 

 

 

 

El presidente marinista se decide y se presenta en la casa de Raúl en una localidad conocida como La Higuerita. Padre y presidente llegan a un acuerdo. En el traspaso del jugador hay una nueva estipulación. Raúl, padre de Luis Molowny, podía trasladarse con su familia a Gran Canaria para convertirse en el primer administrador del Estadio Las Palmas, propiedad de la Empresa Marino CF. La labor que realizó Raúl en el nuevo estadio fue encomiable y no exenta de dificultades ya que todos los clubes de Primera Categoría trasladaron su lugar de entrenamiento del Pepe Gonçalvez y en los encuentros había que repartir gastos y ganancias. Raúl Molowny será recordado como un excelente jefe de administración que ayudó a poner los cimientos de la organización financiera del Estadio Las Palmas, aunque su repentino fallecimiento le impediría ver los logros fundacionales del club.

 

Dadas las penurias económicas de aquellos años no era extraño ver a Juan Macías realizar labores de limpieza en la propia sede hasta la llegada de su señora Micaela, que fue el primer servicio doméstico con que contó el club. También se esmeraba en el cuidado y regado del Estadio Insular. Mantenía excelentes relaciones con maestro Gumersindo, y entre los dos se las amañaban para preparar todo lo concerniente a la puesta apunto del recinto deportivo, su organización y limpieza, trabajando duramente en las vísperas de los partidos.

 

En la imagen el conserje Juan Macías compartiendo la faena de regado de campo con su compañero de trabajo Maestro Gumersindo.
Micaela Lorenzo Valido, de pie, supervisando el trabajo de sus compañeras en la entrada de los servicios de señoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Macías y maestro Gumersindo en compañía del guardia de asalto y árbitro de fútbol, Juan García, conocido popularmente como Juan Pintona.

 

Cristóbal el ‘Chato’.

 

 

 

 

 

 

Cristóbal ‘el chato’ lo fue todo en el fútbol canario y en la propia UD Las Palmas. Llega a la entidad amarilla desde su misma fundación procedente del CD Gran Canaria donde realizaba las mismas funciones. Fue también entrenador de equipos infantiles de la época, viviendo el fútbol con auténtica devoción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Florencio Bethencourt (Juan gol)

Tras la fusión de los clubes y constitución de la UD Las Palmas, ‘Juan gol’ no sólo llevaría con el directivo José Jiménez Sánchez y Lázaro Guerra la administración del estadio sino que también destacaba como locutor y comentarista deportivo. Sus dejes de canariedad unidos a su gracia y espontaneidad le hicieron muy querido y popular.

 

 

 

 

 

 

José Jiménez Sánchez.
José Guerra.
Lázaro Guerra, empleado más antiguo de la UD Las Palmas, posando para la cámara del autor en la antigua sede social con su inseparable caja verde de madera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jorge Quintana del Pino en el ejercicio de sus funciones como administrativo del club en las oficinas de la sede social de Pío XII.

Abría su programa radiofónico con la recordada canción del carioca, muy en boga en la época, y aprovechaba cualquier circunstancia para afirmar: “yo no soy más ‘naíta’ que Juan gol y ahí queda eso”. Con posterioridad y tras la marcha de Juan gol, entrarían sucesivamente Lázaro Guerra, Francisco Hormiga, José Guerra y Adolfo Jiménez. Tras la marcha de éste último sería Jorge Quintana del Pino quien se hiciera responsable durante muchos años de las dependencias del Insular. Era un trabajo muy sacrificado. En los días de partido tenían que presentarse en el recinto deportivo muy temprano en la mañana debido a que los encuentros se jugaban a las cuatro de la tarde dejándolo todo en perfecto orden. La primera obligación era repartir el personal. Éste tenía un turno rotativo ya que la directiva consideraba fundamental que no se hicieran amistades. También era necesario distribuir a los inspectores, acomodadores, guardianes y supervisar la limpieza. Los empleados apenas podían presenciar los encuentros debido a que los aficionados que quedaban en la calle, con objeto de acceder al recinto, golpeaban y tiraban las puertas que eran de madera y que llegaron a estar muy deterioradas por el continuo uso y transcurso del tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

Las viejas puertas de madera

Las primeras puertas de madera fueron colocadas desde la inauguración del Estadio Las Palmas por la empresa de Alfredo Farray. Con el transcurso de los años y ya deterioradas por el continuo uso se cambiaron por otras metálicas, respetando el color.

Aficionados hacen cola desde primera hora de la mañana para presenciar un encuentro.

 

Primeros empleados de la UD Las Palmas. De pie, de izquierda a derecha: Francisco Hormiga, Francisco Vera y José Guerra. Sentados: Lázaro Guerra y Vicente Bayón.

 

Al finalizar los encuentros era muy frecuente que quedaran personas dentro en el estadio en estado de embriaguez, y era tarea ímproba obligarlos a desalojar el recinto deportivo. Los empleados, después de llegar a sus hogares a altas horas de la madrugada al día siguiente, muy temprano en la mañana, se veían obligados a levantarse para comenzar el recuento de las taqueras, función que desempeñaban en colaboración con José Cabrera López y Federico Romero Montenegro.

 

 

 

 

 

El utillero Agustín con semblante sonriente en la vieja puerta verde de madera del Estadio Insular.
Agustín el utillero, y Paquito, personajes entrañables de la intrahistoria del
Estadio Insular.

 

Tras el lavado y planchado del equipaje deportivo, Agustín procede a ordenar y
colocar las camisetas en el vestuario del Estadio Insular.
El esmerado cuidado y limpieza de las botas es uno de los requisitos indispensables de todo utillero. En la imagen, el utillero Agustín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juanito Guedes y Cristóbal el ‘chato’.

Gilberto Rodríguez el ‘zapatero’ y Cristóbal el ‘chato’

Dos personajes inolvidables en la intrahistoria del club

Los nombres de Gilberto el ‘zapatero’ y Cristóbal el ‘Chato’ están unidos a toda una pleyade de funcionarios ilustres dentro del club amarillo. Personas que, por sus humildes oficios, no han sido valoradas suficientemente a pesar de sus largas trayectorias y desvelos en favor de la institución. Pertenecieron a esa denominada época fundacional y heroica del club.

En el caso de Gilberto el ‘zapatero’ desde 1953 cuando el club tenía solo cuatro años de vida. Hombre de trato amable y servicial, desempañaría en el club diversos cargos accidentalmente en función de las necesidades de la entidad, pero su verdadero trabajo y profesión había sido siempre la de zapatero. Actividad que aprendiera de su padre.

Gilberto, cuando aún no había amanecido y después de encargarse del alimento y cuidado de sus animales, emprendía apresuradamente la marcha hacia el Estadio Insular. Una vez en el recinto deportivo se reunía con Cristóbal, que era el encargado del material y vestuarios, y Paquito, su ayudante. Antes de comenzar la faena diaria preparaban un sabroso café que era la delicia de los demás empleados.

Terminado el ritual trasladaban todas las cestas de mimbre y sacos con la ropa que se habían llevado a la lavandera del club Micaela, regresando con equipajes limpios para los jugadores. Con posterioridad comenzaba a inflar y a reparar los balones para terminar engrasándolos, dejándolos en perfecto estado. Luego, era el turno de las botas que consideraba el trabajo más arduo y difícil.

Al margen de su labor como zapatero estaba el lidiar con todo un vestuario repleto de jugadores con diferentes exigencias y formas de pensar.

Gilberto fue siempre hombre querido y respetado por directivos, técnicos, por el personal del club y por diferentes plantillas de jugadores a lo largo de tantos años. Todos le profesaban un inmenso afecto y cariño.

En un principio se encargaban las botas a una fábrica de Tenerife al considerar que esta industria de calzado les ofrecía buenos precios y las suficientes garantías.

Sin embargo, venían forradas de un cuero muy grueso. Con el transcurso de los años todo cambiaría sustancialmente ya que los jugadores optaban por botas suaves y livianas.

Antes de su ingreso en la entidad amarilla, Gilberto trabajaba de forma autónoma y deseaba un empleo estable para su familia. De igual forma el club necesitaba un zapatero profesional con experiencia que aceptara el cargo con dedicación plena. Bartolomé Sansó Rubert, a la sazón directivo del club, que desempeñaba las funciones de secretario general, le mandaría llamar y tras un cambio de impresiones comenzaría a trabajar como empleado del club.

La U.D. Las Palmas era una institución muy querida por todos los canarios y en aquellos años era como una familia.

Su compañero de trabajo Cristóbal era el encargado de material y vestuarios y sería el que lo condujo por primera vez al Estadio Insular.

Allí, en aquel idílico lugar que el tantas veces había contemplado desde Las Arenas del Paseo de Chil se iba a desarrollar todo su trabajo.

A nivel de jugadores tuvo una relación excelente con todos, aunque cada uno tenia diferente personalidad y había de poseer un poco de mano izquierda y, sobre todo, una paciencia franciscana.

“Con respecto a los directivos no solían inmiscuirse en mi trabajo y la mayoría eran personas muy educadas, con un trato hacia mi persona muy correcto y agradable. El dirigente que más se relacionaba conmigo en mi primera época en el club era Jesús Rodríguez Doreste, con posterioridad, obviamente con el secretario general del club Jesús García Panasco, que ingresó en el club bajo la presidencia de Cecilio López, pero en realidad quien supervisaba todo lo referente al equipo era Carmelo Campos. El ex marinista y entrenador auxiliar ha sido una de las personas más relevantes en la historia de la entidad, pero dado su gran amor al club en ocasiones se extralimitaba en el ahorro y no era nada fácil hacerle comprender que una camisa o un balón eran inservibles. Su esmero y celo con el gasto era tanto que todas las noches bajaba de su casa para comprobar que las luces estaban apagadas o los grifos cerrados”.

Cuando le preguntaban la Gilberto cuántos pares de botas había revisado siempre argumentaba que no podría llevar un recuento ni una cifra aproximada ya que el número era muy elevado.

Era un trabajo muy delicado y requería mucho amor y dedicación.

El fútbol había ido cambiando gradualmente. En los comienzos se les daba a cada jugador dos pares de botas y muchos tiraban con ellas toda la temporada aunque no era una regla estricta y había excepciones. Al siguiente año pasaban a filiales.

Gilberto Rodríguez, el ‘zapatero’.

Antiguamente los números más utilizados eran el 39, 40 y 41. Estaban los casos de jugadores como Nagy y Peñita que tenían un pie muy corto, pero que poseían un fuerte disparo, por el contrario Pepe Villar o Villota, que eran jugadores de gran altura y calzaban la mayor talla 46-47 no tenían potencia. Como es lógico había excepciones y jugadores como Luciano, Parajón o Rosendo Hernández gastaban hasta seis pares. Sin embargo el caso más pintoresco y extraordinario era el de Manolo Torres, que gastaba más de diez pares. Las discrepancias eran continuas pero a Torres había que perdonarle todo porque, luego, con sus clásicos globitos ganábamos a todos, un Barcelona o Atlético de Bilbao. Era una persona muy peculiar, introvertida y solitaria, además de ser sumamente exigente y de fuerte carácter. No obstante una vez le conocías y tratabas con afecto y admiración cambiaba sustancialmente.

Se daba la extraña circunstancia que un jugador de la categoría de Juanono, el único futbolista junta a Peñita, con dos ascensos en la historia del club que estuvo jugando 70 encuentros con un solo par de botas. Las botas estaban remendadas y reparadas por todos lados pero él seguía firme en sus convicciones y decía que el traían suerte y les tenía mucho cariño. Una anécdota simpática contada al que suscribe, fue cuando Juanono, tras comprobar que ya estaban completamente rotas le pediría permiso a Carmelo Campos para llevárselas en propiedad a su casa y que no las llevaran a filiales. Carmelo Campos, que había sido compañero de Juanono en el Marino le diría: ¡tíralas a la basura!

 

 

JUANITO GUEDES. UN JUGADOR MUY ESPECIAL QUE FORMABA PARTE DEL VESTUARIO EL DENOMINADO ‘MARISCAL AMARILLO’ TENÍA JUNTO A NIZ  EL NÚMERO DE BOTAS MÁS ALTO (44-45) Y LE GUSTABA LLEVAR LA ROPA MUY HOLGADA

 

 

 

El tiempo seguiría su inevitable curso y en la década de los sesenta se experimentarían grandes mejoras.

Se daba la circunstancia que habíamos finalizado la temporada 1966-67 y Gilberto y Cristóbal habían adelantado sus vacaciones a efectos de poner en marcha los preparativos de la nueva temporada. Seguían unidos tras muchos años de intenso trabajo aunque ambos tenían diferentes funciones. Cristóbal era el encargado de la ropa y vestuarios, y su labor era más rutinaria, además de gozar de una mayor autonomía Gilberto tenía que cambiar impresiones con jugadores y técnicos, y tratar de contentar a todos. Las botas y los balones son dos elementos fundamentales en el fútbol y su responsabilidad era muy grande.

Cristóbal era un hombre con una dilatada trayectoria desde sus tiempos en el C.D. Gran Canaria y no solía tener problemas con los equipajes, camisetas o medias.

El entrenador designaba la ubicación y cada jugador sabía el número que el correspondía. Con los pantalones ya era otra cosa.

Se daba el caso de jugadores que los preferían cortos como José Luis o José Cristobal Correa, y otros que los preferían más holgados como Juanito Guedes y Aparicio.

Ya en la temporada 1967-68 cada jugador disponía de cuatro juegos completos de equipaje. Se compraban más de sesenta camisetas de colores diferentes para los entrenamientos. Todas se utilizaban con las sobrantes de la anterior temporada que estuvieran en mejores condiciones. También se contaba con un equipo de monos de trabajo para desplazamientos y concentraciones.

En los desplazamientos se colocaba cada equipaje en el casillero correspondiente a cada jugador que habían sido traídos en cestas en presencia de Pepe González, el masajista, que supervisaba hasta el último detalle y se hacía cargo de todos los pormenores del viaje.

Además de dos juegos diferentes el equipo se desplazaba en chandal y perfectamente vestidos, y la uniformidad debía ser igual desde la chaqueta, camisa, corbata pantalones, calcetines y zapatos como bien había confirmado previamente don Jesús García Panasco.

La ropa, balones y botas llegaban a pesar 130 Kg.

Juanito Guedes colaboraba en todo y se preocupaba por todos los detalles, solía gastar hasta ocho pares de botas. Según todos los empleados era de naturaleza bromista pero muy servicial y cariñoso con los empleados.

Al igual que Alfonso Silva o Rafael Mujica con anterioridad era un tratado de generosidad dando propinas a los empleados y preocupándose por su situación familiar.

 

 

Se desvivía por hacerle la vida agradable a todos y tenía una gran autoridad en el vestuario. Su labor en el terreno de juego era muy sacrificada, era un futbolista de largo recorrido y cubría mucho campo. De igual forma, entraba con mucha contundencia y fuerza al balón, y sus desplazamientos en largo requerían un esfuerzo extra que el calzado sufría. Carmelo Campos era muy cuidadoso con todo y trataba de ahorrar hasta situaciones límites.

En ocasiones dado a su gran amor al club se extra limitada pero con Juanito Guedes todos sentían un respeto reverencial. Tenía un peso específico en el vestuario y en muchas ocasiones cambiaba impresiones con Carmelo Campos quien le servía de interlocutor con los jugadores. Ambos se llevaban a la perfección y esto representaba una gran ayuda para los jugadores que veían en él a una especie de abogado defensor.

Gilberto solía decir que los jugadores y entrenador pedían para cada partido diferentes botas y si querían jugar con las mismas solían cambiar los tacos.

El guardameta y la defensa por lo general utilizaban las botas de suela, cambiando solamente los tacos en los partidos el insular en los desplazamientos se llevaban dos pares de suela con los tacos ya preparados. También a las que llamaban «botas el gallo».

Recordaba Gilberto la unión que había entre Juanito Guedes y Tonono, siendo tan diferentes. Antonio Afonso Moreno (Tonono) no daba ningún trabajo. Solía hacer las cosas por su cuenta y compraba sus propias botas sobre todo cuando comenzó a ser llamado por el seleccionador nacional. Emilio Tomé solía decir con frecuencia que era difícil entrar en su intimidad ya que no se quejaba de nada.

Todo lo hacía a su manera acudiendo a sus propios médicos. Sin embargo siendo tan distintos no había quien los separara.

Las botas modernas no tienen nada que ver con la de los primeros años. Son muy livianas y se adaptan muy pronto a los pies. Juanito Guedes y Niz tenían los números más grandes (44-45).

El calzado de botas más pequeño era el de ex artesanista Tony con un 37. Esta temporada 1967-68 serán las de Luis Molowny que tiene la misma medida.

Con respecto a los balones se compran 5o pares por temporada. Antes se adquirían de todos los colores pues algunos los preferían rojos, amarillos o color cuero. Ahora son todos blancos con pintas negras en forma de rombo.

En cada partido se sacan dos nuevos balones. Se utilizaba uno y el otro se guardaba para el partido siguiente. Una vez se jugaba con el balón se guardaba con el resto para los entrenamientos.

A los jugadores por regla general siempre les ha gustado estrenar balones. Si de ellos dependiera para cada sesión de entrenamiento había que sacar veinte balones.

El problema siempre ha radicado en que los balones tienen una medida y peso reglamentario, y todos los años surgían ligeras modificaciones.

Los balones solían pesar sobre los 400 gramos con una circunferencia de 70 centímetros.

Cuando Gilberto el ‘zapatero’ comenzó en la U.D. Las Palmas los balones eran más grandes y pesados.

Luis Molowny comenzaba la temporada 1967-68. Todo quedaba preparado para la llegada de los jugadores. Se esperaba no pasar los apuros de la temporada anterior como así sucedería convirtiéndonos en el equipo revelación de la Liga Española.

 

 

José Guerra, administrativo del club, y el conserje Juan Macías acompañados por los hermanos Cámara, taquilleros del Estadio Insular.

 


 

Felicitaciones navideñas de los empleados del Estadio Insular y entradas de encuentros de la Selección Juvenil y de una confrontación de la UD Las Palmas ante el Huracán de Argentina.

 

El marcador simultáneo

Su construcción fue ardua y costosa para la época dada la lejanía de las islas en aquellos años y el material escogido con la finalidad de que su servicio resultara realmente eficaz. El emplazamiento escogido era el ideal pues estaba a la vista de todos los espectadores. Fue instalado en lo alto de la esquina que forman la grada sur y la grada de poniente, más conocida como grada curva. La superficie de señales tendría ocho metros de largo por cuatro de ancho, los signos y las dimensiones necesarias para que pudieran verse desde los puntos más distantes. Y a ambos lados las cabinas telefónicas. Su peso era de veinte toneladas ya que todo el armazón era de hierro. Los aficionados estarían al corriente del comienzo y finalización de los encuentros, sus fases, goles, penalties a ejecutar y si éstos se convertían en tantos o no, expulsiones de jugadores, suspensión de partidos, etc…

 

De izquierda a derecha, D. Alberto Cabré Bardía, Santiago Gutiérrez Montesdeoca y Eduardo Teus.

La organización general en Madrid estaría bajo la dirección del crítico deportivo, ex seleccionador nacional y figura altamente representativa dentro del mundo del fútbol, Eduardo Teus.

 

Todo ello sucedía de manera inmediata, puesto que el marcador estaba enlazado directamente por teléfono con la central existente en Madrid. El marcador simultáneo representó un gran aliciente en todos los campos de fútbol ya que el aficionado al mismo tiempo que seguía las incidencias del partido que estaba presenciando se iría enterando de la marcha de los otros encuentros. El sostenimiento del marcador se cubriría difícilmente a base de ingresos aportados por las firmas: C.O.C.A.L, Hijos de Santiago Gutiérrez, fabricante de los cigarrillos Cumbre, más la colaboración de la U.D.Las Palmas.

 

 

 

Aspecto de las obras que se realizaron en el Estadio Insular con motivo de la construcción del marcador simultáneo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Panorámica del marcador simultáneo una vez terminada la obra. Fue inaugurado el 1 de febrero de 1952 en un encuentro ante la Real Sociedad.

 

 

El viejo marcador cobija a las futuras promesas

 

En la bella foto coloreada de Hernández Gil, el viejo marcador de cigarrillos Rumbo con su reluciente timón luce todo su esplendor mientras el Juvenil A de la UD Las Palmas posa para la cámara. De izquierda a derecha, de pie: Mendoza (vestido de calle), Rosales, Lasso, Pancho Pantaleón, Espino, Cheche, Pepín y masajista. De rodillas: Godoy, Pepe Chano, Germán, Evadio y Megido.

 

 

Fotografías inéditas que salen por primera vez a la luz realizadas por el doctor Valentín de Armas en los encuentros jugados ante el Barcelona y el Sevilla en el ecuador de los años cincuenta

Los jugadores de la UD Las Palmas saludan al público del Estadio Insular.

 

El equipo del Barcelona, liderado por Ladislao Kubala, posando para los reporteros gráficos antes del comienzo del encuentro.

 

Los jugadores de la UD Las Palmas y del FC Barcelona forman en sus demarcaciones en el terreno de juego antes del comienzo del encuentro.

 

El árbitro pita falta en contra del Barcelona que sería lanzada como siempre por el legendario jugador Manolo Torres.

 

Contundente victoria de la UD Las Palmas ante el Sevilla por cinco goles a cero en la Copa del Generalísimo. En la imagen, el genial Alfonso Silva, autor de tres goles, marca el segundo tanto del encuentro.

 

El jugador Felo sale fuera del terreno de juego que, como se puede apreciar, era de gravilla y arena.

 

Estadio Insular en la década de los cincuenta, contemplado desde ‘Las Arenas’ del Paseo de Chil.

 

22 de Septiembre de 1964. El Estadio Insular en un partido nocturno. La instalación se inauguró en la temporada 1964 – 65 ante el Real Mallorca en un partido amistoso, y con posterioridad Real Oviedo, donde Guedes disputaría su encuentro número 100 con la camiseta amarilla.

 

 


Siguiente capítulo: Pórtico y epifanía.