Emilio Tomé

 

 

CAPÍTULO XXXVII

 

 

 

 

olía ir a casa de Emilio Tomé todos los martes, y bueno fuera que no lo hiciera porque al momento recibía su llamada telefónica advirtiéndome: “¡te he puesto falta!”

Emilio Tomé y su esposa Phyllis han sido de las mejores personas que he podido conocer a lo largo de mi vida. Cuando se retiró de su actividad como médico de la U.D. las Palmas – siendo sincero, lo retiraron- Emilio entraría en una profunda depresión. El club había sido toda su vida desde que un lejano día de 1959 lo llamara don Jesús García Panasco a la base naval de infantería de Marina donde ejercía como médico militar, ofreciéndole el cargo de jefe de los servicios médicos de los clubes filiales.

Los médicos del primer equipo eran Domingo Rodríguez Ojeda y Lorenzo Díaz de Aguilar, aunque la estructura del club en cuanto a sus servicios médicos era muy diferente a la que tendríamos en posteriores años.

Con estos dos médicos colaboraba aún José Arias Pierrà y Aurelio Callejones, teniendo su centro de actividades en la clínica Santa Catalina, dirigido por José Ramírez.

El jugador era observado en primera instancia por el médico del club que hacía acto de presencia solo en los días de partido y ,dependiendo de la gravedad del caso, lo enviaba a la clínica Santa Catalina, para desde allí enviarlo al especialista más adecuado. Se daban casos en que era el propio jugador quien solicitaba los servicios de un médico de su confianza como fueron los casos de Valentín de Armas, Chesa Ponce, Navés, Echevarren, Piulach Oliva, y  Guillen, entre otros.

A Emilio Tomé – una vez retirado del club- le habían cursado una invitación al palco de forma vitalicia como luego harían con Jesús García Panasco. Ambos comenzaron sentándose con Carmelo Campos que, aunque seguía en el club, había dejado de ir al banquillo. Nunca podré olvidar lo grato y edificante que suponía aquellas compañías, aunque como todo lo placentero en la vida tendrían corta duración.

 

 

 

 

 

Emilio Tomé.

 

Emilio Tomé nos decía que se encontraba fuera de lugar. Había vivido toda su etapa como médico del club en el banquillo y no se adaptaba a ningún otro lugar que no fuera a pie de campo.

Jesús García Panasco, que había continuado en el club de forma generosa y altruista con la finalidad de asesorar a aquellos que le habían sustituido en sus funciones como era el caso del árbitro Merino González al que le habían nombrado – entiendo erróneamente- director general. José Merino González, había sido un excelente árbitro y ejemplar delegado, pero asumir la dirección general de un club requiere una formación elevada y un predicamento que él no poseía, permaneciendo solo dos años en el cargo.

Un buen día Jesús García Panasco, no acudiría a la cita. Cuando lo llamé excusaría su ausencia por unos problemas domésticos que tenía en su casa sin ninguna relevancia. Era persona poco dada a confirmar hechos que no beneficiaban a la entidad. La discreción de don Jesús era de Casa Real.

A pesar de todo yo me di perfecta cuanta de todo, ya que en muchas ocasiones me daba a mi toda la correspondencia epistolar y lo referente a comunicados del club.

Sin embargo, lo que no esperaba fue su no aparición en el palco aquella semana. A pesar de mis llamadas y ruegos nunca volví a verlo en el Estadio Insular.

Todo se circunscribía a esporádicos actos del club, algunas de mis conferencias y el día que le otorgaron la insignia de oro y brillantes del club en los actos del cincuentenario aquel día cinco.

Por mí en el club personas muy veneradas recibirían el máximo galardón: Jesús García Panasco, Carmelo Campos, José Guerra y Emilio Tomé.

De igual forma la recibía Manuel Betancor, que se encontraba ausente en Madrid.

Fue un día inolvidable para mí, que tuve el honor de participar en el acto.

Tras esta narración interpolada y regresando a Emilio Tomé, resaltaría aquellas tertulias en su casa como una continuación de las que había tenido diariamente en mi despacho de la sede social.

Guedes y Emilio Tomé, conversando en el Estadio Insular.

Algunos como su gran amigo desde los tiempos de La Guinea, Pedro Valido, Teófilo Navarro, el odontólogo José Mª Estévez o yo, acudíamos todos los martes pero siempre venían ex jugadores y antiguos miembros del club, teniendo lugar unas tertulias muy amenas impregnadas de un ambiente de solidaridad y de afecto.

Uno días antes de la llegada de la Navidad, Emilio Tomé quedó pensativo por un momento y su rostro reflejaba un rictus de tristeza.

Tras un paréntesis dijo: “cada vez que llega este mes no puedo evitar recordar aquel día que Juanito Guedes jugaría su último encuentro en Sarriá. Era un 13 de diciembre de 1970. Nunca podré olvidar esa fecha.

Yo había hablado con Juan en el Hotel Condal donde nos hospedábamos siempre que jugábamos en Barcelona, preguntándole por su estado y lo que pensaba sobre el partido. Me dijo que en ocasiones sentía unas molestias extrañas que consideraba importantes, pero que le hacían sentir sensaciones diferentes y a veces le ponían de mal humor.

Respecto al encuentro, Juanito Guedes, siempre te infundía confianza con su natural optimismo.

Aunque perdimos aquel partido noté un comportamiento diferente en Juan. Se alejaba por momentos y no se mostraba muy hablador. Solía dar ánimo a los compañeros cuando las cosas no salían bien pero esta vez lo veía reservado y lejano.

En aquel momento no le di importancia ya que era conocedor de sus sentimientos hacia el club y cómo le afectaban las derrotas. Sin embargo, con el transcurso del tiempo he llegado a pensar que Juanito Guedes sufrió parte de aquella enfermedad en silencio para no preocupar a nadie. Prueba de ello fue que a los pocos días los dolores eran tan fuertes que no pudo jugar ante el Barcelona, siendo trasladado con urgencia a la clínica Platón para de nuevo ser intervenido por el especialista en cirujía digestiva Dr. Piulach, gran amigo y excelente profesional. Pero yo siempre me he remontado más atrás. Las dolencias estomacales de una esternosis gástrica y el estreñimiento severo lo venía padeciendo hacía tiempo, pero la enfermedad había venido larvándose lentamente y como en principio le iba bien cualquier laxante nadie podía pensar en lo peor y menos en aquellos años en que esta enfermedad era poco conocida o al menos carecía de los adelantos de hoy en día. En el mundo hay millones de pacientes que padecen estreñimiento y no por ello evolucionan de igual forma.

A menudo me pregunto por su comportamiento con el jugador del Elche, Sánchez. Aunque Juanito Guedes entraba con contundencia no era un jugador agresivo y prueba de ello fue que en diez años no había lesionado a nadie.

Si aquella reacción me sorprendió y la forma con que se encaró con el entrenador al reprocharle su acción, mucho menos pude comprender cómo después de que el comité de competición lo castigara con tantos partidos y después de movilizarse tantas personas a su favor a nivel de gobierno, Pedro Valido desde Madrid, presidente de la Federación Canaria y Española a efectos de ver reducida su sanción fuera todo en vano.

Tras lograrse aquel ‘milagro’ con la finalidad de que pudiera jugar por primera vez en la historia en una competición europea como la Copa de Ciudades en feria ante el Hertha de Berlín, la alegría de los aficionados tras el perdón había sido enorme  y la decepción de que fuera a reincidir con la misma actitud y la expulsión.

alegría de los aficionados tras la pérdida había sido enorme y la decepción tras la nueva expulsión.

Nuestro capitán volvía a los terrenos de juego en el partido más importante de la historia del club.

Nadie comprendió aquella reacción tan agresiva y beligerante propinándole un contundente golpe en la cabeza al jugador alemán que propiciaba de nuevo otra reiterada expulsión después de tantos esfuerzos realizados para la conmutación de la pena, dejando al equipo con diez jugadores en el campo.

Fue la primera vez que el público se volvía contra el jugador despidiéndole con una sanción y prolongada pitada acompañada de insultos e indignación.

Posiblemente con él en la cancha y jugando el partido de vuelta en Alemania hubiésemos eliminado fácilmente al Hertha de Berlín ya que, a pesar de su baja, el equipo amarillo estuvo a punto de dar la campanada.

 

 

La pregunta que siempre me he hecho es ¿hubiese reaccionado Juanito Guedes de aquella forma en condiciones normales?

Sus amigos más allegados saben que no. Juanito Guedes venía sintiendo una extraña dolencia que le influía en su carácter y personalidad.

No era de forma continuada pero sí en determinado momentos que él callaba y sufría en soledad. Otro en su misma situación de dolor estomacal hubieran reaccionado de igual forma. Nunca me he pronunciado al respecto porque en su día no podía hacerlo y ahora ¿de qué sirve sacar todo esto a la luz?

 

 

 

Alguien dijo que todo golpe del destino es como la infancia que nunca termina de desdibujarse plenamente.

Nunca he podido recuperarme de aquellos dos desenlaces.

Los dos eran personas de extracción rural y de una enorme nobleza y sencillez. Eran dos amigos unidos por unos lazos de amistad indisolubles a los que sólo pudo separar la muerte.

Cuando dos seres humanos de nuestro club de tan inmensa valía se nos van, nos hurtan un fragmento de nuestras propias vidas que nunca podremos recuperar.


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